3 razones para empezar a usar bicicletas compartidas

Yamila Papa Pintor · 30 mayo, 2018

Ir en bici al trabajo o para hacer trámites por el centro de la ciudad es una alternativa cada vez más viables para los que viven en grandes urbes. Pero más allá de comprar una y usarla tú solo, puedes optar por las llamadas ‘bicicletas compartidas’ un sistema realmente beneficioso para todos.

¿Qué es el sistema de bicicletas compartidas?

Las principales ciudades del mundo cuentan con un método de bicicletas compartidas, mediante el cual los habitantes tienen a disposición una bici para poder usarla el tiempo que deseen.

En la mayoría de los casos este sistema está gestionado por el gobierno (es decir que es público) y funciona de una manera más que simple: tomas una bici en un punto específico y la puedes devolver en otro aparcamiento diferente.

Usar la bicicleta compartida.

Como no podía ser de otra manera, la iniciativa de bicicletas compartidas comenzó en Amsterdan. Pero no es algo moderno, sino que tiene más de 50 años. El plan era simple: pintar de blanco unas bicis y distribuirlas por toda la ciudad, libres para ser usadas por quienes las necesiten.

Si bien no tuvo mucho éxito, se redobló la apuesta y para 1974 se organizó con el Ayuntamiento, quien creó tres estaciones en pleno centro de la capital holandesa. Este sistema se replicó en París, en Copenhague, en Londres, en Madrid y en Barcelona. Más tarde se implementó en Nueva York, Buenos Aires y Río de Janeiro.

En Asia por supuesto no han quedado fuera del furor de las bicicletas compartidas y por ejemplo la red de la ciudad china de Hangzhou cuenta con el mayor sistema del mundo. Y en Japón van más allá: un proyecto lanzado hace poco permite usar bicis ‘prestadas’ y dejarlas en cualquier sitio, no necesariamente en una estación específica. Con la ayuda del móvil y el GPS, puedes saber si tienes una unidad disponible cerca tuyo.

¿Por qué deberíamos usar el sistema de bicicletas compartidas?

Cada vez son más las personas que viven en zonas urbanas que utilizan la bici para transportarse de un lugar a otro. Esto se debe a que tiene muchas ventajas, tanto a nivel individual como social e incluso mundial. Algunas de las razones por las cuales deberías comenzar a aprovechar las bicicletas compartidas son:

1. Ahorro de tiempo

Los casi 1 000 sistemas de bicicletas compartidas que hay en el mundo son un éxito. ¿Por qué? Porque nos solucionan varios problemas. Ir hasta una estación a recoger una bici, usarla y luego devolverla en el mismo u otro punto es lo más simple del mundo.

Bicicletas de ciudad.

No necesitamos más que registrarnos en la página web o aplicación específica del Ayuntamiento o quien presta el servicio para disfrutarlo.

2. Ahorro de espacio

Es verdad que tener una bici propia puede ser súper cómodo porque la tenemos en casa y la podemos usar cuando queremos. Sin embargo, esto también tiene sus ‘pegas’. Por ejemplo, si nuestro piso es muy pequeño, no podemos dejarla en un sitio sin que moleste o haya que moverla todo el tiempo según la hora del día.

Si donde vivimos no hay elevador… ¡Hay que subirla por las escaleras! Todo un esfuerzo innecesario. Y además no podemos olvidarnos el hecho de aparcarla en un lugar público al llegar a destino. Esto supone también invertir en un buen candado y en saber dónde está permitido dejarla por varias horas.

3. Otros las mantienen

Así como no tienes que preocuparte por dónde guardar o aparcar la bici, otra de las ventajas de las bicicletas compartidas es que no debe dedicarte a su mantenimiento o cuidado. Esto no quiere decir que por ser prestada la romperás o tratarás mal, pero en el caso de que necesite reparación… ¡Otro se encargará de ello!

En algunas estaciones hay gente que se dedica a reacondicionarlas y dejarlas en perfecto estado para que todos puedan disfrutarlas.

Por último, no podemos dejar de lado los beneficios que tiene una bici (en general) como por ejemplo mejorar el medio ambiente, hacer ejercicio, ahorrar dinero y tiempo en transportarse y reducir los problemas de tránsito en las grandes urbes.