¿Cómo jugaba Kobe Bryant?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por el fisioterapeuta Abel Verdejo el 18 marzo, 2019
Álvaro Ortin · 28 diciembre, 2017
Si Jordan era el que conseguía proezas increíbles y Lebron James representa el trabajo duro y diario, Kobe fue un jugador capaz de enamorar al público, principalmente por una cosa: complicarse la vida

Dentro de todos los que han pasado por la NBA, solo un selecto grupo han sido capaces de enamorar al público con su juego. Entre ellos no podía faltar Kobe ‘the black mamba‘ Bryant, en alusión a la escurridiza serpiente negra.

Pero no en sentido negativo: más allá de números, anillos y títulos de ‘MVP’, Kobe era un jugador que pudiendo hacer las cosas fáciles elegía siempre el camino más difícil. Y amigos míos, esas cosas enamoran dentro del mundo del baloncesto, más aún en la NBA.

El juego de la Mamba: ataque 

En cuanto al ataque, desde su llegada a la liga, quedó claro que se trataba de un jugador letal, con un físico idóneo para su posición de escolta, que hacía presagiar lo que al final fue: uno de los mejores jugadores ofensivos de todos los tiempos. Sin lugar a dudas.

El juego de Kobe Bryant deslumbró a todos durante años.

Si bien su físico se fue debilitando a lo largo de los años, incluso a partir de su fatídica lesión en el tendón de aquiles, seguía siendo un jugador decisivo. Todo un genio de la canasta.

De hecho, todavía era capaz de anotar desde cualquier punto de la cancha y frente al defensor que fuera, gracias a la gran variedad de recursos que atesoraba y a su increíble juego de pies.

Kobe Bryant: destrozando defensas

A la hora de atacar el aro, Kobe tenía a su disposición el manejo y los recursos para destacar en los highlights –las mejores jugadas– de cada partido. Se echaron de menos esos mates y jugadas espectaculares durante sus últimas temporadas, a los que tan mal acostumbrados nos tenía cuando lucía el ‘8’ a la espalda.

Una cosa sí estaba clara: cuando Kobe se acercaba a la pintura, era cuasi imposible pararle. Seguro que los acérrimos aficionados a los Celtics, sufrían especialmente cuando lo veían penetrar hacia el aro, e incluso cuando jugaba de espaldas a él, principalmente durante las finales de 2008 y 2010.

Al recibir el balón en estático era capaz de buscarse el hueco que quería para sacar su tiro, gracias a su fantástico dribling. Esta cualidad le ayudaba a conseguir ese tirito de media distancia que tanto gusta y que tanto acierto tenía, a pesar de que sus porcentajes fueron bajando a lo largo de su carrera.

Kobe Bryant, la mamba negra.

Más allá del arco, solía lanzar una media de cuatro triples durante los 36 minutos por partido que permanecía en cancha, con unos destacables porcentajes de casi el 33% en promedio.

Todas estas virtudes, sumadas a su inteligencia dentro de la cancha como pasador –pese a no ser su mejor virtud– lo convertían en un gran cerrador de partidos, capaz de anotar el tiro ganador sin ser siempre la mejor opción. Una muestra más de que cuando se complicaba la vida no solo daba espectáculo, sino que al mismo tiempo era eficaz.

Con todo, se pueden señalar algunos aspectos negativos: sus discutibles decisiones en el tiro durante los partidos, su considerable porcentaje de pérdidas de balón y su modesta eficacia en los rebotes ofensivos.

El juego de la Mamba: defensa

La otra cara de la moneda. En lo relativo al marcaje Kobe empezó siendo mucho mejor defensor de lo que fue al término de su carrera, por lo que es de suponer que el bajón físico prevaleció sobre la experiencia.

A pesar de verse mermado en lo físico, era sobradamente capaz para sacar de quicio a cualquier jugador  –incluido Westbrook o Lebron– si se lo proponía, gracias a sus manos rápidas, sus fundamentos y su físico.

Si bien, el bajón que sufrió su cuerpo durante los últimos años en activo aumentaron sus errores y faltas de concentración, lo que influía notablemente en el porcentaje de victorias de sus Lakers.

A pesar de estar siempre presente en el ranking de robos por partido, a veces abusaba demasiado de este recurso; ello derivaba en una ventaja para los rivales que ya no era capaz de recuperar por su falta de velocidad, especialmente contra rivales más jóvenes y explosivos.

Como hemos descrito al principio, Kobe fue un jugador capaz de enamorar a su público, así como de generar odio en la afición contraria, algo solo al alcance de los más grandes. Eso sí, nunca llegó a estar a la altura de Jordan por un motivo: sus porcentajes, pues no en vano es quien ostenta el récord histórico de tiros errados.