¿Se debe regular las victorias abultadas en categorías pequeñas?

En la categorías inferiores a menudo se dan lugar cruces o enfrentamientos con marcadas diferencias de físico, técnica y preparación, lo que termina con abultados resultados que si bien son legítimos, generan ciertas dudas sobre su posible influencia negativa en el desarrollo de los menores

Las grandes diferencias entre ciertos equipos son un hecho inevitable en el deporte infantil. Mucho se ha debatido sobre qué hacer en estos casos: algunos aseguran que las victorias abultadas son un golpe fatal a la confianza y la motivación de los niños que pierden; mientras que otros las interpretan como una fuente importante de aprendizaje y superación.

Las victorias abultadas se dan en casi todos los deportes en sus diferentes ámbitos de las divisiones base. Tanto en campeonatos o ligas de federaciones como en torneos interescolares, puede pasar que la superioridad de un equipo sea indisimulable y se refleje en un resultado categórico.

¿Qué es lo correcto en estos casos? ¿Dejar que el juego siga su curso y que el marcador sea el que los participantes determinen? ¿O intervenir para evitar desenlaces bochornosos que hagan estragos en la mentalidad de quienes salen desfavorecidos?

Lo cierto es que el debate se reaviva cada vez que se ve un 25-0 en el fútbol infantil o un 68-4 en un juego de básquetbol para niños. Muchas federaciones deportivas han tomado cartas en el asunto para impedir estas conclusiones.

Consecuencias de las victorias abultadas

Los efectos devastadores de estos sucesos para un equipo que no logra defenderse ante otro superior son muy claras. Enumeramos las más evidentes:

  • Dañan la confianza del equipo perdedor
  • Desmotiva a los niños que sufren este tipo de derrotas
  • Genera sentimientos de frustración que llevan al rencor hacia los adversarios
  • Provoca situaciones violentas que comprometen la salud de los participantes
  • Pueden conducir al abandono del deporte
Victorias abultadas
En algunos deportes, el físico es un aspecto fundamental, por lo que los niños al desarrollarse a un ritmo dispar, corren el riesgo de no competir en igualdad de condiciones.

Ahora bien, el tema merece que lo analicemos también desde la perspectiva del ganador: ¿se extrae alguna enseñanza de un juego en el que no hay equivalencias de fuerzas entre los competidores? La respuesta es sí.

Lo primero que se puede enseñar en estos casos es a respetar al rival. En las ocasiones en las que el resultado está decidido es cuando pueden aflorar conductas desleales como la provocación o la burla. Esto es algo que hay que combatir desde el principio.

Por otro lado, también se puede destacar la importancia y dignidad del rival. Un buen ejercicio es pedir a los niños que se sitúen en el lugar del otro, ya que algún día les puede tocar a ellos perder estrepitosamente contra un conjunto mejor. ¿Cómo les gustaría que los trataran?

Medidas para evitar victorias abultadas

Quienes se oponen a estas ‘humillaciones’ hacia el rival argumentan que no resta absolutamente nada de deportividad cuando las fuerzas son disímiles y se pretende aniquilar -deportivamente hablando- al adversario. La premisa básica, sostienen, es que los niños potencien sus habilidades, se diviertan y hagan amigos jugando. De nada sirve, por ende, una victoria por decenas de goles o triples.

Estados Unidos es uno de los países que más ha avanzando en este tipo de reglamentación. Las mercy rules (reglas de clemencia) alcanzan a las edades de escuela primaria, preparatoria y hasta universidad en algunos deportes como el béisbol.

Por su parte, en España, muchas ligas de baloncesto establecen que en las categorías de niños menores de 13 años el marcador deja de moverse cuando la diferencia supera los 50 puntos. En el balonmano ocurre algo similar cuando la distancia es mayor a 20 goles, mientras que en el fútbol también se ha aplicado en algunas federaciones regionales, pero son muy pocas.

Otras medidas parecidas en el fútbol son: la no publicación de resultados -a favor o en contra- con más de seis goles de diferencia, obligar a cada jugador a disputar 8 minutos por juego como mínimo y en tres posiciones diferentes en la temporada. Algunas, incluso, optan por parar el partido, congelar el marcador o hasta suspender al entrenador si se supera cierta diferencia.

Victorias abultadas.
Se debe tener en cuenta la posible influencia negativa que puede acarrear en el rival una victoria abultada.

Voces en contra

Las reglas de clemencia han encontrado detractores en todos los ámbitos donde fueron aplicadas, incluso en Estados Unidos, un país acostumbrado a este tipo de normativas.

Quienes se oponen a su aplicación las consideran contraproducentes por los siguientes motivos:

  • Desincentivan el trabajo de ambos equipos por potenciar a sus jugadores
  • Inciden en los resultados finales de la temporada -muchas se definen por diferencia de goles
  • Representan una ‘salida fácil’ a los problemas que el día de mañana enfrentarán los niños en sus vidas
  • Pueden ser aún más humillantes que el resultado final, dado que el ‘salvataje’ no está bien visto
  • Envía un mensaje de intolerancia a la derrota

Por último, también argumentan que estas reglas van en contra de la esencia misma del deporte: convertir goles. De hecho, una de las primeras normas en aplicarse fue la de eliminar los nombres de los goleadores de los registros para terminar con la avaricia por marcar más que ningún otro.

Las victorias abultadas generan un debate profundo que aún está lejos de encontrar la uniformidad de criterios. Sin embargo, cada vez son más las federaciones e instituciones deportivas que toman medidas para evitarlas. Si fueras entrenador de un equipo base, ¿que decidirías?

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