Alimentación y entrenamiento funcional

Lucía Corral · 5 mayo, 2019
Ante los nuevos avances en materia de ejercicio físico, surgen nuevas actividades y tendencias. ¿Has oído hablar del entrenamiento funcional? ¿Existe una dieta específica para aquellos que lo practican?

A pesar de que este tipo de ejercicio ha existido siempre, no se le había dado tanta importancia hasta hace poco. En el siguiente artículo, veremos cómo conjugar dos grandes herramientas para un cuerpo saludable: alimentación y entrenamiento funcional.

El entrenamiento funcional consiste en realizar ejercicios que nuestros músculos llevan a cabo en el día a día. Su finalidad es buscar el progreso gradual de la fuerza y la resistencia, respetando el movimiento natural del cuerpo.

Historia del entrenamiento funcional

El entrenamiento funcional surgió como método de rehabilitación. Durante los años ochenta, Michael Boyle rescató los conocimientos preexistentes al respecto y los combinó con su experiencia como entrenador y con los estudios del quinesiólogo y referente mundial de la biomecánica Stuart McGill.

Más tarde, Boyle publicó un libro que lo consolidaría como referente de estos ejercicios: Entrenamiento Funcional para el Deporte (2004).

Beneficios

Los ejercicios funcionales están diseñados para minimizar lesiones por caídas y el sobreuso de los músculos por acciones repetitivas. Por ejemplo, las personas que trabajan sentadas delante de una pantalla o alguien que lo hace de pie, de cara al público.

Existe una multitud de herramientas que pueden ayudarte a mejorar la calidad de tus movimientos cotidianos; es esta, justamente, la nueva tendencia del fitness: potenciar la forma física para facilitar las acciones del día a día, como subir escaleras o cargar las bolsas de la compra. Además, como mencionamos, puede favorecer la recuperación tras una lesión.

Ejemplos de ejercicios funcionales

Para citar un caso particular, un carpintero prestará especial atención a las articulaciones del hombro, codo y muñeca. Por otro lado, un guarda forestal centrará su entrenamiento funcional en el tren inferior para buscar mayor fuerza en las piernas y mayor resistencia aeróbica.

Entrenamiento funcional: ¿en qué consiste?

Se podría decir que el entrenamiento funcional puede adaptarse a cualquier práctica deportiva. Consiste en trabajar diferentes partes del cuerpo buscando emular los patrones de movimiento que puedan realizarse luego en las competiciones.

Este tipo de entrenamiento suele ser utilizado en deportes como la natación, el fútbol y el tenis. También se utiliza en prácticas individuales relacionadas con el atletismo.

Alimentación y entrenamiento funcional

No existe un patrón de alimentación especifico para este tipo de ejercicios, ya que engloba diferentes deportes. Lo que sí tienen en común todas las prácticas deportivas es que, cuanto mejor el estado de salud, más óptimo el rendimiento.

La alimentación y la actividad física son dos pilares del bienestar, y casi siempre van de la mano. Es importante ejercitar el cuerpo completo combinando ejercicios de fuerza y resistencia. ¿De qué sirve levantar 150 kilos en peso muerto si luego no se puede correr a coger el autobús y se lo pierde por falta de resistencia?

Algo parecido sucede con la alimentación. Existe la creencia popular de que si se realiza ejercicio se pueden comer alimentos poco saludables. Por ejemplo, un error muy extendido es pensar que se puede comer una pizza e ir después a clase de spinning a ‘quemarla’.

En realidad, los alimentos ejercen efectos complejos en nuestro cuerpo; por lo tanto, defender el concepto anterior es reduccionista. En nutrición deportiva, es tan importante lo que se come antes del ejercicio, como el durante y el después.

Dieta antes, durante y después del ejercicio

Los objetivos principales de la nutrición durante el entrenamiento son:

  • Satisfacer los requerimientos de energía y nutrientes para mantener el programa de entrenamiento.
  • Conseguir un nivel de masa corporal, masa grasa y masa muscular compatible con un estado de salud óptimo y un buen rendimiento.
  • Mejorar la adaptación y recuperación entre lesiones.

La comida antes del entrenamiento es importante, ya que se tienen que optimizar los niveles de hidratos de carbono en el hígado y los músculos. Comer un plátano antes del entrenamiento es una buena opción; no se ha de olvidar que tiene que haber una buena hidratación.

Beneficio del plátano para los deportistas.

Si el entrenamiento va a prolongarse más de una hora, hay que pautar descansos o adicionar a la bebida hidratos de carbono y sales de reposición. Si no va a extenderse en el tiempo, como suele ser el caso de los entrenamientos funcionales, con beber agua será suficiente.

Una vez finalizada la actividad, el objetivo va a ser reponer el agua y los sustratos energéticos. En esta comida posentreno, hay que evitar bebidas con gas o cafeína, ya que ponen en riesgo la rehidratación. Una pieza de fruta bastará si falta poco para la próxima comida principal.

En cualquier caso, hay que valorar la duración del entrenamiento, el estatus nutricional previo y las condiciones climatológicas. No es lo mismo entrenar al aire libre en invierno que hacerlo en verano.

Alimentación y entrenamiento funcional: conclusión

El principal objetivo del entrenamiento funcional es mejorar la condición física para nuestro día a día, eso sí, añadiendo intensidad y carga. Aunque nunca vas a necesitar hacer un front squat en el supermercado, sí necesitarás levantar la caja de leche del suelo al carrito.

El deporte debe potenciar las condiciones de cada atleta y no permitir que el cuerpo se lesione. En este sentido, la alimentación es importante para suministrar todos los recursos necesarios para poder llevar todos estos ejercicios adelante.

  • Dieguez J, Papí JD. Entrenamiento funcional en programas de fitness. Volumen I. Inde; 2006.
  • Chulvi-Medrano I, Cortell-Tormo JM, González CSD. Consideraciones generales sobre el entrenamiento funcional. 2015
  • Burke L. Nutrición En El Deporte: Un Enfoque Practico. Médica Panamericana; 2009.