¿Cuál es la mejor hora para tomar hidratos?

Algo que debemos tener en cuenta a la hora de consumir carbohidratos, es intentar alternar entre comidas, evitando una ingesta continuada

Desde hace unos años para aquí se ha extendido bastante la idea de que los carbohidratos son ‘el enemigo’, uno de esos grupos alimenticios con los que debemos tener más cuidado si queremos perder peso o mantenernos en forma.

No en vano, se les acusa de ser los culpables de hacernos engordar, aunque nutricionistas de todo el mundo creen que esto no es más que una exageración, siempre que encontremos el momento adecuado para su ingesta.

Esta idea no es del todo errónea, pero no debemos erradicar totalmente los hidratos de nuestra dieta, ya que estos tienen un función principal en el correcto funcionamiento de nuestro organismo.

Si sois habituales de gimnasios y seguidores de dietas, habréis observado como, recientemente, han prevalecido las dietas bajas en hidratos de carbono, que se basan en la creencia de que comer alimentos como pan blanco, arroz o pasta, que además tienen azúcar, es malo para la cintura.

¿Cuál es el razonamiento detrás de estas dietas?, que si comes muchos hidratos de carbono y azúcares -especialmente aquellos bajos en fibra que son más difíciles de absorber por nuestro cuerpo- aumentarán el nivel de glucosa en sangre. 

A menos que toda esta glucosa la quememos haciendo ejercicio, el páncreas producirá más cantidad de la hormona insulina para tratar de bajar la glucosa a niveles normales, que se almacenará como grasa debido al exceso de azúcar de los hidratos de carbono.

Este aumento de grasa -especialmente si se trata de grasa visceral en el abdomen- conlleva un mayor riesgo de desarrollar problemas de salud (como sería la diabetes tipo 2).

Pero entonces…¿Cuál es la mejor hora para comer hidratos?

La importancia de consumir hidratos de carbono.

El objetivo de tener un vientre plano y marcar six pack, suele traducirse en la idea de tomar un desayuno potente, una comida ligera y, por último, una cena llena de verduras, de manera que los carbohidratos se reserven para las horas en que estamos en movimiento.

De acuerdo con la nutricionista Lisa Mokovitz, en general, lo mejor es otorgar un mayor peso a los carbohidratos en los momentos del día de mayor actividad. Lo cual, lógicamente, se produce a lo largo día.

¿Qué quiere decir esto?, pues que todo apunta a que la pasta, el pan y los cereales, quizá no sean la cena apropiada si nuestro objetivo es adelgazar.

El principal uso que nuestro cuerpo hace de estos nutrientes es emplearlos como combustible para estar a tope de energía durante el día, si los ingerimos como paso previo a irnos a dormir lo más probable es que se acumulen en nuestro abdomen poco a poco. Todo esto es la teoría pero, ¿funciona así en la práctica?

Para muestra un botón

Con el objetivo de comprobar todo esto, el doctor Adam Collins, de la Universidad de Surrey, Inglaterra -en colaboración con la BBC- realizó un pequeño experimento que consistía en lo siguiente:

Se reclutó voluntarios que gozaran de buena salud para estudiar las distintas respuestas de sus cuerpos al consumo de carbohidratos a diferentes horas del día.

Un objetivo secundario del estudio era comprobar si sus organismos podían adaptarse a estos cambios con el paso del tiempo. Como punto de partida, todos los voluntarios debían comer una cantidad fija de carbohidratos al día en forma de alimentos como pan o pasta.

Los primeros cinco días del experimento, estos alimentos debían ser ingeridos en su mayoría en el desayuno y reservar solo una pequeña cantidad para la noche.

Después, durante los siguientes cinco días, debían regresar a su dieta habitual -normalmente de comer hidratos al mediodía- antes de cambiar a un régimen inverso: pocos hidratos en el desayuno y mayoría en la cena durante el mismo plazo de cinco días. Durante todo el periodo, el Dr. Collins supervisó los niveles de glucosa en sangre de los voluntarios.

Los resultados: una sorpresa

¿Qué se encontró en los resultados? Hubo un ganador claro pero no el que, quizá, todos esperaban. A la hora de analizar la sangre de los voluntarios después del período del desayuno con muchos hidratos y cenas ligeras, hallaron una media de glucosa en sangre de 15,9 unidades. Números estándar y que cumplían con las expectativas.

Sin embargo, cuando hicieron la misma medición tras cinco días de dieta inversa, se encontraron con que la media de glucosa había bajado a 10.4, mucho menor de lo esperado.

Chica comiendo pizza.

¿Cuál podría ser la explicación a esto?

Lo que realmente importa no es tanto el momento del día en que se consumen los hidratos como la duración del periodo previo de falta de los mismos.

Si dejamos transcurrir un periodo de tiempo largo entre la última comida rica en hidratos de carbono, nuestro cuerpo estará más dispuesto a su procesamiento.

Esto ocurre de manera natural por las mañanas porque hemos tenido un periodo de ‘ayuno‘ durante toda la noche pero este pequeño estudio concluye que se obtienen efectos similares si ‘ayunamos’ durante todo el día y nos reservamos los hidratos para por la noche.

¿Qué significa esto?, que después de varios días de desayunos bajos en carbohidratos y cenas ricas en estos, nuestro cuerpo termina por acostumbrarse respondiendo mejor su respuesta ante una pesada carga de hidratos a últimas horas del día.

Teniendo en cuenta estos resultados, Collins recomienda no preocuparse demasiado sobre la hora del día en que introducimos los carbohidratos, siempre que tengamos unos hábitos fijos y no nos atiborremos de ellos en todas las comidas.

Parece que la clave está en mantener altibajos: si consumimos muchos hidratos la noche anterior, sería recomendable minimizarlo a la mañana siguiente. Por otro lado, si desayunamos fuerte de tostadas esa mañana, no nos pasemos con la pasta en la cena.

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