¿Puedo fiarme de las etiquetas de los alimentos?

Yamila Papa Pintor 27 marzo, 2018
Las etiquetas de los productos que podemos encontrar en el supermercado, trae información nutricional valiosa, pero el problema suele estar en la nomenglatura indescifrable tras la que se ocultan cierto tipo de componentes poco saludables

Si bien es muy importante leer las etiquetas de los alimentos para saber qué ingredientes contienen y cuáles son las cantidades de grasas, azúcares o sodio (entre otros datos) también es verdad que no siempre son 100% ciertas las informaciones que brindan. ¿Entonces, debo fiarme o no de ellas? Veamos.

¿Qué nos dicen las etiquetas de los alimentos?

Ese cuadro que se encuentra en la parte de atrás de los paquetes tiene datos muy importantes que todos los consumidores deberían conocer. Por ello es que se recomienda leer las etiquetas de los alimentos, incluso aunque no seamos médicos, nutricionistas ni científicos.

Dichas tablas incluyen datos relevantes como por ejemplo la cantidad de grasas, azúcares, sodio, hidratos de carbono o fibra contiene el alimento en cuestión; también nos informan sobre ingredientes que pueden generar algún tipo de alergia (como por ejemplo los lácteos o el gluten) y las calorías que aporta cada porción.

A su vez, estas etiquetas contienen la fecha de caducidad, la forma de conservación y qué tipo de ingredientes han sido usados para su elaboración, como por ejemplo conservantes, aditivos, saborizantes, etc.

¿Me fío o no de las etiquetas de los alimentos?

Chicas comprando en un supermercado.

No todos los consumidores leen las etiquetas de los alimentos y esa es una de las razones por las cuales ‘comemos cualquier cosa’ y no estamos al tanto de lo que ingerimos. No prestarle atención a esta información les da vía libre a los fabricantes para engañarnos un poco. O al menos para no informar como deberían.

Por ejemplo, si ves en la etiqueta delantera que un producto dice ‘con aceite de oliva’ quizás si das vuelta y lees la tabla nutricional te darás cuenta de que el porcentaje de este ingrediente es ínfimo (menos del 2%).

Otros quizás dicen ‘con aceite vegetal’ o con ‘grasa vegetal’ sin embargo no especifican si son aceites de coco o de palma, ricos en ácidos saturados y menos saludables que los de oliva o girasol.

También nos engañan las etiquetas principales que afirman que no contienen colorantes y conservantes… Aunque al prestar atención vemos al famoso ‘glutamato monosódico’ que es un aditivo químico que potencia el sabor, por supuesto no considerado colorante ni conservante, pero no por ello menos perjudicial para la salud.

Hay una regla que puede ser usada cuando hacemos la compra, si por supuesto tenemos la intención de comer sano y evitar ciertas enfermedades: ‘a mayor cantidad de ingredientes con nombres extraños, más artificial es el alimento’ y la verdad es que no falla.

Presta atención, ya que cuando las etiquetas de los alimentos contienen más de cinco componentes, es porque incluyen altas cantidades de sal, azúcar, grasas, conservantes y aditivos artificiales. ¡Sobre todo , suele coincidir si son imposibles de descifrar, entender o leer!

El azúcar como ingrediente escondido

Cuenco lleno de terrones de azúcar.

Son muchos los ‘ingredientes ocultos’ que no conocemos y que no se publican, por razones obvias: no son buenos para nuestra salud. Uno de ellos es el azúcar. Un proyecto llamado SinAzúcar.org nos revela la cantidad de glucosa que contienen los alimentos que consumimos usualmente.

Es realmente interesante ver al lado del producto una columna de cubos de azúcar que indican la cantidad de glucosa que se incluye en su elaboración… ¡Incluso en productos salados! Por ejemplo, un yogur natural con mermelada de fresas tiene siete cubos de azúcar o una rosquilla dulce tiene nueve. Si cada cubo de azúcar pesa alrededor de 2,3 gramos… ¡Imagina cuánto estás añadiendo con solo esos productos!

El azúcar se esconde detrás de variados nombres para que no lo encontremos fácilmente: glucosa, jarabe, dextrosa, almidón de maíz… En definitiva todos son hidratos de carbono que pueden derivar en problemas de salud graves.

En resumen, no se trata de dejar de consumir productos manufacturados de la noche a la mañana, ni de creer que por ingerirlos nos enfermaremos; pero sí de ser más conscientes de los alimentos que ofrecemos a nuestras familias. Recuerda que en el mundo del marketing, no todo es lo que parece.

Te puede gustar