Implicaciones nutricionales en la disfagia

12 octubre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la nutricionista Lucía Corral
La desnutrición y la deshidratación son complicaciones de la disfagia. ¿En qué consiste?

La disfagia es la dificultad para la formación del bolo alimenticio y su movilización posterior desde la boca al estomago. Antes que nada, es importante conocer qué pasa con los alimentos que ingerimos a partir del momento en el que son introducidos en la boca.

Cuando se ingiere un alimento, se producen cuatro fases desde que se introduce en la boca hasta que el bolo alimenticio atraviesa el esófago. Cualquier anomalía en cualquiera de las fases de la deglución puede ocasionar disfagia.

¿Qué es la disfagia?

Etimológicamente significa ‘dificultad en la deglución’. Es un síntoma que se refiere a la dificultad o incomodidad para formar o mover el bolo alimenticio desde la boca al esófago.

Dependiendo del momento del tránsito en el que se produce la anomalía, se distinguen dos tipos: disfagia orofaríngea, si afecta a la fase superior de la deglución, y disfagia esofágica, cuando es el esófago el implicado.

Esta patología tiene una alta prevalencia, sobre todo en pacientes con enfermedades neurológicas, tales como parkinson o alzheimer; ancianos institucionalizados; personas con cáncer de cabeza y cuello y niños con enfermedades neurológicas, como la parálisis cerebral.

Diagnóstico

Existen varios algoritmos diagnósticos, dependiendo del centro, pero todos ellos tienen en común que el diagnóstico ha de basarse en métodos clínicos y complementarios.

Para diagnosticar la disfagia es necesario realizar una valoración global a partir de la historia clínica. En este sentido, el test más utilizado el es el test EAT-10, que consta de diez preguntas que pueden ser autocumplimentadas o no.

Chica comiendo plátano para la recuperación deportiva.

Una vez elaborada la historia clínica, hay que realizar la exploración clínica. En este contexto, el método más utilizado por su fácil ejecución es el método de exploración clínica volumen- viscosidad, conocido coloquialmente como MECV-V.

Este método valora la eficacia y la seguridad en la deglución mediante la administración por vía oral de distintos volúmenes y texturas de forma progresiva. Dependiendo de la tolerancia individual, se establece disfagia a líquidos, sólidos o a ambos.

Para confirmar la presencia o no de disfagia existen métodos complementarios, como la videofluoroscopia, que es la técnica gold estándar, es decir, la más precisa y eficaz. Es una técnica radiológica que evalúa la disfagia tras ingerir un contraste de distintas viscosidades.

Complicaciones

Las principales son la desnutrición, deshidratación y neumonía por aspiración. Esta última es la principal causa de muerte relacionada con esta afección, por lo que hay que prestar especial atención.

Tratamiento de la disfagia

El tratamiento debe abarcar medidas posturales, médicas y nutricionales, por lo que es necesario que el encargado de pautar un tratamiento sea un equipo multidisciplinar.

Tratamiento rehabilitador

Algunas de estas son:

  • Estrategias posturales: se ha demostrado con una evidencia de tipo B que inclinar la cabeza hacia delante una vez ingerido el alimento favorece el paso del bolo alimentario por la vía digestiva.
  • La estimulación mecánica de la lengua o modificaciones en la temperatura y volumen de los alimentos pueden ser utilizadas como tratamiento rehabilitador. Sin embargo, hay una baja evidencia que apoye su éxito.
  • La maniobra de Shaker es una de las estrategias que tiene mayor pronóstico de éxito.
  • En pacientes cognitivamente íntegros y que pueden colaborar, se utilizan maniobras de deglución especificas.
  • La técnica mas reciente, aunque requiere de más estudios para valorar su eficacia, es la electroestimulación transcutánea.

Tratamiento nutricional

La modificación del volumen y la viscosidad del bolo es el tratamiento de elección para estos pacientes, por ser el que mayor grado de evidencia presenta. No obstante, la falta de estandarización en la formulación de los volúmenes y texturas constituye un problema.

En este contexto surgió The Internacional Dysphagia Diet Standardisation Initiative —IDDSI— que tiene como objetivo unificar y crear un sistema de viscosidades fácilmente reproducible y válido en todo el mundo.

Sopa de castaña con setas.

Recomendaciones generales para personas con disfagia

Se recomienda comer despacio, en ambientes tranquilos y sin elementos distractores para prestar plena atención al acto de comer. Una buena estrategia para mejorar la adherencia consiste en fraccionar la ingesta; esto quiere decir realizar más comidas con volúmenes menores. Estos volúmenes han de ser adaptados dependiendo del resultado del método MECV-V para minimizar los atragantamientos.

Mantener una correcta hidratación es complicado en estos pacientes, ya que no les suele gustar el agua gelificada o el agua con espesantes. El zumo de melocotón natural es una buena opción para aquellos que toleren una textura tipo néctar.

También es importante evitar las texturas mixtas y buscar siempre la homogeneidad. Así, es mejor evitar las sopas o frutas como las naranjas, pues presentan una doble textura. En lo que respecta a la temperatura de los alimentos, se ha observado que los alimentos calientes o fríos se tragan mejor que los tibios.

Como ya se ha comentado, el tratamiento ha de ser multidisciplinar. En este sentido, los pacientes tienen que mantener una buena higiene oral y han de incorporar medidas posturales como, por ejemplo, comer siempre incorporado y reposar la comida una vez ingerida.

  • Salas-Salvadó J. Nutrición y dietética clínica. Barcelona: Masson; 2009
  • Salas Salvadó. Algoritmo de diagnóstico y seguimiento de los pacientes con disfagia orofaríngea utilizando el test volumen-viscosidad.
  • Burgos R, et al. Traducción y validación de la versión en español de la escala EAT-10 para despistaje de la disfagia. Congreso Nacional SENPE 2011.
  • Clavé i Civit P, García Peris P. Guía de diagnóstico y de tratamiento nutricional y rehabilitador de la disfagia orofaríngea. Barcelona: Glosa; 2015.