Yoga para niños: primeros pasos

13 julio, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la periodista deportiva Yamila Papa Pintor
El yoga para niños es una excelente actividad que puede ser practicada desde los 4 años y tiene muchos beneficios, tanto a nivel físico como mental y emocional.

Que los pequeños se sienten tranquilos por unos minutos con los ojos cerrados y sin hablar puede ser algo impensado para los padres. Sin embargo, el yoga para niños tiene esta capacidad, entre muchas otras. En este artículo te contaremos lo que debes saber sobre una tendencia cada vez más extendida en Occidente.

¿Yoga para niños?

Sí, así como lo estás leyendo. A partir de los 4 o 5 años, los niños ya pueden participar de una clase de yoga… ¡y pasarlo de maravillas! Además, su práctica tiene demasiados beneficios como para dejarlos de lado. Desde luego, también sirve para los niños que no paran quietos ni un segundo.

Como primera medida, es bueno saber cuáles son las ventajas del yoga para niños. Los infantes que realizan esta actividad aumentan su confianza, tienen mayor capacidad para concentrarse, son aún más flexibles —y esa flexibilidad se mantiene en la adultez si continúan con el ejercicio—, desarrollan más fuerza, toman conciencia de su cuerpo y padecen menos el estrés o la hiperactividad.

A su vez, el yoga les permite trabajar el equilibrio, establecer una conexión consigo mismos, activar la creatividad, compartir espacios con otros niños y administrar sus emociones, además de reconocerlas.

Como si esto no fuese suficiente, las clases regularán sus funciones fisiológicas como el sueño o el apetito y le darán herramientas para divertirse y entretenerse sin el uso excesivo de la tecnología.

El yoga para niños también les ayuda a estar más relajados y tomar mejores decisiones ante diferentes situaciones cotidianas. Incluso reduce la violencia en la escuela y puede ser excelente para evitar algunos trastornos alimentarios o la falta de seguridad personal.

A menos que el pediatra indique lo contrario, el yoga no es perjudicial para los niños, sino todo lo opuesto. En el caso de que un niño sea demasiado inquieto, quizás le convenga complementar las clases con alguna actividad aeróbica que le permita ‘soltar toda la energía’.

La familia entera puede participar en actividades como el yoga.

¿En qué consisten las clases?

Algunos profesores de yoga indican que los niños pueden empezar con las primeras clases a partir de los 4 o 5 años, pero más como un juego. Recién a los 7 u 8 años le encontrarán más sentido a las clases y le sacarán mayores provechos.

Se recomienda que practiquen esta disciplina dos veces por semana. No obstante, con una sesión semanal está bien al principio, así van conociendo la dinámica y los ejercicios.

Cada sesión puede durar entre 45 y 90 minutos; se aconseja que los padres estén presentes… ¡y que también practiquen yoga! Esto hará que el nexo entre ellos sea aún mayor y que el pequeño no tenga vergüenza por hacer algo desconocido. Además, será excelente para que papá o mamá disfruten de la tranquilidad al menos por un rato.

Las clases de yoga para niños son muy divertidas porque se intenta que ellos se acerquen a esta disciplina a través de juegos, cantos, instrumentos musicales y cuentos. No se les enseñan ejercicios de respiración consciente porque aún no están preparados para ellos, pero sí se hacen ciertas posturas simples.

El principal desafío en la sesión es que los niños mantengan la atención en el profesor. Puede ser difícil que se mantengan calmados o que repitan los movimientos explicados al principio, pero con el paso de las clases se irán integrando más, e incluso replicarán lo aprendido en casa o en la escuela.

Las clases de yoga para niños no deben ser una obligación

No es bueno que obligues a tu hijo a practicar yoga, sino que deberías darle la posibilidad de aceptarlo de a poco. Para ello, es fundamental que como padres estemos comprometidos con la actividad, tanto sea en la clase como en el hogar.

Es muy bueno que los padres fomenten en la casa un ámbito de relajación y tranquilidad.

Si el niño ve a su madre haciendo yoga o meditando en la sala o en el jardín, es probable que tenga curiosidad, pregunte o la imite. ¡Lo mismo sucede en el salón de clases!

Busca una escuela de yoga que dé clase para niños y adultos en simultáneo, pero sobre todo que las sesiones sean divertidas y atractivas para el pequeño. Si esto no sucede, siempre puedes encontrar otro lugar u otro profesor.

Finalmente, además de predicar con el ejemplo, sería bueno que fomentes en casa la tranquilidad, la relajación y la calma. De nada sirve ir a la clase de yoga con tus hijos si al regresar al hogar todo es caos y estrés. ¡Busca la paz para mejorar la calidad de vida de todos!

  • McGonigal, K. (2006). Yoga for kids. IDEA Fitness Journal.