Pequeños cambios con grandes resultados

Francisco María García 18 agosto, 2018
De vez en cuando es bueno pararnos a pensar si podemos hacer pequeños cambios que realmente mejoren nuestra vida, como dejar de fumar, hacer algo de ejercicio o desconectar de todo lo relacionado con el trabajo con meditación

Cada persona sabe cuando el ritmo de vida que lleva, así como sus hábitos diarios, lo conducen lejos de un estado de plena salud. Esto representa el primer paso: tomar consciencia de que se debe enderezar el curso.

La necesidad de tomar buenos hábitos no implica necesariamente un viraje de 180°. Los pequeños cambios, constantes y consecutivos, suelen ser el camino más seguro para alcanzar grandes resultados.

La elección de transformaciones radicales, de un día para otro, persiguiendo resultados rápidos (mágicos o milagrosos), puede ser tan contraproducente como no intentar nada.

Los giros bruscos en la vida pueden terminar en variaciones de 360°. O lo que es igual: terminar justo en el mismo punto de arranque, pero con una enorme sentimiento de resignación y derrota a cuestas.

El poder de la mente

Aunque son muchos los que creen en el enorme poder de la mente, también hay quien cree que es más ciencia ficción que realidad. En cualquier caso, para que una persona cambie, el punto número uno dentro de su ‘lista de tareas’, es querer hacerlo.

Relación entre cuerpo y mente.

Lo siguiente es establecer con claridad qué se quiere cambiar y por qué; en este sentido, se debe ser concreto y preciso, sin ambigüedades. No se trata de pensar: ‘voy a hacer más ejercicios’. Hay que determinar el plan a seguir: por ejemplo, voy a jugar tenis dos veces cada semana, los martes y los jueves.

Una máquina para moverse

La principal razón para incluir más actividad física dentro de las rutinas diarias, es que el cuerpo humano está diseñado para moverse. El sedentarismo va contra nuestra naturaleza. Además, todo músculo que no se ejercite, termina por atrofiarse.

A partir de esta idea, los argumentos individuales son totalmente válidos. Los más comunes: perder peso, aumentar la resistencia física, reducir la ansiedad y el estrés, mejorar el estado de ánimo y un larguo etcétera. Otro motivo que no deja de ser legítimo: ‘porque me lo recetó el doctor’.

No hay que ser un atleta de alto rendimiento

El mantenimiento de una rutina de ejercicio moderada, a alta intensidad, una o dos veces por semana, puede ser más que suficiente. Siempre que se haga de manera constante y perdurable en el tiempo.

Una excusa muy común mediante la cual muchas personas tratan de justificar su falta de actividad física, es que no carecen de tiempo para ello. Sin embargo, no se trata de dedicar obligatoriamente dos o tres horas para ir al gimnasio cada día.

Lo importante es aprovechar al máximo los minutos que se tengan disponibles, aunque sean pocos. Cinco kilómetros de trote suave cada domingo siempre será una mejor opción que no hacer nada; y el organismo siempre lo agradecerá.

Mejor alimentación

Junto con el ejercicio, una alimentación equilibrada tiene un papel fundamental para poder conseguir grandes beneficios de salud. De nuevo, tomar consciencia de lo que ocurre es requisito indispensable.

La alimentación en el deporte.

Se debe conocer a la perfección qué alimentos se ingieren de manera regular y cuáles son las consecuencias (positivas o negativas) que vienen añadidas. A partir de este conocimiento, proceder de forma adecuada.

Salvo excepciones, solo pequeños cambios en los regímenes alimenticios pueden ser suficientes para notar los resultados. Hay que disminuir los niveles de sal y azúcar, e incluir más frutas y verduras en el menú diario. En lo posible, hay que evitar el consumo de alimentos procesados y las grasas saturadas.

Dejar los malos hábitos

El tabaquismo es el ejemplo clásico al hablar de malos hábitos con resultados catastróficos para la salud. Dejar de fumar es uno de esos pequeños cambios con efectos positivos inmediatos.

No es un secreto que superar esta adicción al tabaco puede volverse cuesta arriba para la mayoría de los implicados. Pero está demostrado que no se trata de una misión imposible.

Pequeños cambios, objetivos realistas

Uno de los errores más comunes entre aquellos que pretenden incluir cambios radicales ante su falta de actividad física, es querer pasar ‘de 0 a 100’ en unos pocos días. No hay que olvidar que, cuanto más prolongado sea el periodo de sedentarismo, la adaptación al ejercicio debe ser más pausada.

La suma de todos los detalles

Quizá a muchos les pueda parecer demasiado poco establecer metas del tipo: ‘caminar 15 minutos a ritmo medio, tres veces por semana, durante un mes’. Pero estos pequeños cambios, una vez se convierten en hábitos, dan lugar a nuevos retos que progresivamente se traducirán en un mejor estado de forma.

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