¿Qué cambios se asocian al envejecimiento?

28 enero, 2020
Este artículo fue redactado y avalado por la nutricionista Lucía Corral
La velocidad de cambio es diferente en cada individuo y para los distintos sistemas orgánicos. ¿Qué cambios influyen en la alimentación?

Uno de los cambios demográficos más notables de finales del siglo XX es el envejecimiento de la población. Los avances en medicina, la mejora de la higiene y el aumento de la preocupación por la adquisición de hábitos saludables han supuesto un aumento en la esperanza de vida.

Composición corporal

La composición corporal cambia con la edad. La masa grasa y la grasa visceral aumentan, mientras que la masa muscular magra disminuye.

Sarcopenia

La pérdida de masa, fuerza y función musculares puede guardar relación con la edad y afectar considerablemente a la calidad de vida del adulto mayor. A este proceso se lo conoce como sarcopenia y conlleva una reducción de su movilidad, un aumento del riesgo de caídas y una alteración de los índices metabólicos.

La sarcopenia se acelera al disminuir la actividad física, aunque también se observa en individuos mayores activos.

En la actualidad, no existe un grado concreto de pérdida de masa corporal magra que determine el diagnóstico de sarcopenia. Todas las pérdidas son importantes, debido a la estrecha conexión entre masa muscular y fuerza.

En la cuarta década de vida, la evidencia de sarcopenia es detectable y el proceso se acelera aproximadamente a partir de los 75 años.

Existe otro concepto, la obesidad sarcopénica, que consiste en la pérdida de masa muscular magra en personas mayores con tejido adiposo excesivo. El exceso de peso y la menor masa muscular contribuyen a la disminución de la actividad física, lo cual, a su vez, acelera la sarcopenia.

Las formas de vida sedentaria pueden conducir al síndrome de muerte sedentaria. Esta definición se refiere a los problemas de salud que suponen una amenaza para la vida y que guardan relación con un estilo de vida sedentario.

Puede definirse como estilo de vida sedentario el equivalente a quemar menos de 200 calorías al día mediante la actividad física. Esto tiene consecuencias: riesgo más alto de enfermedad cardiovascular, hipertensión, diabetes, dislipidemia, obesidad, sobrepeso e incluso muerte.

El envejecimiento produce también problemas ligados a la alimentación de las personas.

Gusto y olfato en el envejecimiento

La dieta y la nutrición pueden verse comprometidas por una mala higiene oral. La pérdida de dientes, el uso de prótesis dentales y la xerostomía —síndrome de boca seca— pueden dar lugar a dificultades de masticación y deglución.

Las personas con estos problemas de la boca optan a menudo por alimentos blandos y de fácil masticación y evitan ciertas opciones nutricionalmente más ricas, como los cereales integrales, la fruta fresca, las verduras y las carnes.

Asimismo, las pérdidas sensoriales afectan a la gente en grado variable, a ritmos distintos y a diferentes edades. La genética, el entorno y el estilo de vida intervienen en el deterioro de las facultades sensoriales.

Las alteraciones del sentido del gusto, del olfato y del tacto relacionadas con la edad pueden conducir a pérdida de apetito, elección inadecuada de alimentos y baja ingesta nutricional.

Aunque cierta disgeusia (alteración del sentido del gusto), pérdida de gusto o hiposmia (disminución del sentido del olfato) son atribuibles al envejecimiento, muchos cambios se deben a la medicación.

Dado que los umbrales del gusto y del olfato son altos, las personas mayores pueden caer en la tentación de sazonar en exceso los alimentos, especialmente añadiendo más sal, algo que puede tener un efecto negativo en muchos mayores.

El gusto y el olfato estimulan procesos metabólicos como la secreción de saliva, ácido gástrico o jugos pancreáticos e incrementan los niveles plasmáticos de insulina. Por ende, una menor estimulación sensorial puede impedir también dichos mecanismos.

Envejecimiento y alteraciones gastrointestinales

Los cambios gastrointestinales pueden afectar negativamente a la ingesta de nutrientes del individuo, sobre todo cuando empieza a manifestarse el envejecimiento de los órganos.

La disfagia, una disfunción que afecta a la deglución, suele asociarse a enfermedades neurológicas y al envejecimiento. Esta aumenta el riesgo de neumonía por aspiración, una infección causada por la entrada de líquido o alimento a los pulmones. Los líquidos densos y los alimentos de textura modificada pueden ayudar a las personas con disfagia a comer de forma más segura.

Con la edad, es posible también que se registren alteraciones gástricas. La disminución de la función de la mucosa gástrica da lugar a incapacidad para resistir agresiones como úlceras, cáncer e infecciones.

El deporte produce grandes beneficios para los adultos mayores.

En tanto, la gastritis causa inflamación y dolor, vaciado gástrico retardado y molestias. Todo ello afecta a la biodisponibilidad de nutrientes como el calcio y el zinc e incrementa el riesgo de desarrollo de enfermedad por deficiencia crónica, como la osteoporosis.

Por su parte, la aclorhidria es la producción insuficiente de ácido en el estómago. Para la absorción de la vitamina B12 son necesarios niveles suficientes de ácido y de factor intrínseco en el estómago.

Ante esto, y aunque en el hígado se almacenan cantidades considerables, pueden producirse carencias de vitamina B12. Los síntomas son a menudo mal diagnosticados, porque se asemejan a los de la enfermedad de Alzheimer u otras enfermedades crónicas.

Finalmente, la incidencia de diverticulosis y el estreñimiento son comunes durante el envejecimiento. Las causas principales del estreñimiento son la ingesta insuficiente de líquido, falta de actividad física y baja ingesta de fibra con la dieta.

El estreñimiento también tiene su causa en la prolongación del tiempo de tránsito intestinal y en ciertos medicamentos, como los narcóticos. En definitiva, mantener hábitos saludables y cuidar de la salud con el paso de los años aparece como una necesidad primordial para preservar el bienestar pese al envejecimiento.

  • Sociedad Española de Geriatría y Gerontología. 2007. Guía de buena práctica clínica en Geriatría. Anciano afecto a la fractura de Cadera. Madrid: SEGG
  • Gregorio PG et al. Nutrición en el anciano. Guia Nestle. Sociendad Española de Geriatria.