Tus genes: cómo entrenar y suplementar

Francisco María García · 31 enero, 2019
Una de las preguntas que más se suelen hacer los deportistas tiene que ver con la influencia de la carga genética sobre la práctica de deporte. En este sentido, hay diferentes aspectos a considerar.

Muchas veces hemos escuchado que la carga genética que heredan las personas condiciona su vida. Esto influye en los niveles de inteligencia, gustos y preferencias, así como en los rasgos de personalidad. También los genes ponen su parte en el rendimiento deportivo y en las aptitudes físicas; no obstante, aunque los genes condicionen todo esto, tampoco lo definen por completo.

Los atletas de alta competición buscan aprovechar al máximo la programación contenida en sus genomas. Al mismo tiempo, trabajan para modificarla y conseguir optimizar el desempeño.

Para alcanzar estos objetivos, el entrenamiento es una parte esencial; a partir de la información disponible, se planifica desde la frecuencia hasta el tipo de ejercicios que se debe priorizar. Esto se hace siempre tomando en consideración los objetivos propuestos.

La alimentación es la otra piedra angular; una dieta balanceada es un requisito indispensable para una vida sana. Lo mismo se necesita para alcanzar la cúspide en la práctica deportiva.

Cada persona, teniendo conocimiento pleno de la carga hereditaria que ha recibido y contando de igual manera con la correcta suplementación, puede llegar a niveles realmente sobresalientes.

Qué es más determinante: ¿El talento o la constancia?

Esta es una de las preguntas más escuchadas en los ámbitos deportivos, sobre todo en competiciones de alto rendimiento. Sin embargo, aunque ha sido un debate extenso a lo largo de los años, las conclusiones no dejan a todos conformes.

En la práctica, ambos factores son importantes. Aunque el talento puede ‘ganar medallas’, alcanzar la gloria es una misión casi imposible sin entrenamiento.

A lo largo de la historia, han sido muchos los casos de deportistas talentosos que, gracias a su falta de constancia y disciplina, nunca desarrollaron todo su potencial. Asimismo, hay personas que, sin importar cuánto se esfuercen, nunca entrarán a la élite.

En algunos deportes, tus genes marcan diferencias. Uno de los ejemplos más claros es el baloncesto. Quienes nacieron de padre y madre de gran estatura tienen mayores facilidades para triunfar sobre el tabloncillo. Por supuesto, medir más de dos metros no es garantía de éxito; como tampoco es sinónimo de fracaso el estar por debajo del metro ochenta.

Las fibras rápidas ofrecen mayor explosión y velocidad.

Tipos de fibra muscular según la configuración de tus genes

Más allá de la estatura o la complexión física, tus genes también condicionan el perfil del tipo de actividad física en el que se puede apreciar un mejor desempeño. Esto es igual a afirmar que inclinarse por deportes de resistencia (de larga duración) o explosivos (de fuerza o velocidad), se hereda de los padres.

Son dos los tipos de fibra muscular que se reciben dentro de la carga genética. En un extremo, se ubican las fibras lentas o rojas, que destacan por ser muy resistentes a la fatiga. En el otro, las rápidas o blancas, capaces de generar mucha fuerza en poco tiempo.

El primer grupo influye favorablemente en competencias de largo aliento. Sin embargo, no son muy rápidas para oxidar las grasas de las que toman la energía, por lo que su capacidad explosiva es casi nula. Con el segundo grupo ocurre lo opuesto: se energizan en poco tiempo, pero con la misma velocidad se fatigan.

Quienes recibieron de sus progenitores un paquete con mayor presencia de fibras lentas suelen conseguir mejores resultados en maratones o travesías ciclísticas. En cambio, los que guardan genes cuya característica es un número más alto de fibras rápidas, se inclinan por competiciones de velocidad como los cien metros lisos.

Los test genéticos

Estas pruebas tienen como misión identificar el mapa genético de cada persona; aunque casi siempre ofrecen resultados predecibles, en ocasiones se pueden detectar algunas sorpresas.

Después de todo, cualquier individuo que a lo largo de su vida se haya ejercitado con regularidad, sabe si rinde más en prácticas aeróbicas o anaeróbicas. Incluso esta predisposición natural termina por definir la preferencia hacia uno u otro grupo.

El test genético permite planificar de mejor manera la vida de un deportista.

Con el asesoramiento adecuado, esta información puede ser de gran utilidad. Por ejemplo, esto facilita el manejo de los tiempos de recuperación y la detección oportuna de los requerimientos nutricionales. Además, permite optimizar las capacidades físicas y reducir de manera importante los riesgos de lesiones.

La hoja de ruta que se diseña a partir del conocimiento de tus genes también incluye aspectos de la vida cotidiana. Un ejemplo de ello es el número de horas que se deben reservar para descansar y dormir. Finalmente, la cantidad de calorías diarias que deben incluirse en cada comida también se determina desde esta información.