Frío o calor: mecanismos y aplicaciones

Este artículo ha sido escrito y verificado por el fisioterapeuta Joseph Wickman
¿Cuál es el mecanismo de acción del frío y del calor? ¿Cuándo convendrá aplicar uno u otro?
 

La aplicación de frío o calor sobre una zona lesionada o simplemente fatigada tras realizar ejercicio es esencial. Sus beneficios los disfrutan todo tipo de pacientes o deportistas a diario. Veamos cuáles son sus mecanismos de acción y los casos de mayor utilidad para cada uno.

Mecanismos de acción del frío

Como cabría esperar, los efectos beneficiosos del frío que conseguiremos son gracias a la disminución de temperatura local que produce. Esta bajada de temperatura inducirá una vasoconstricción y, por lo tanto, un descenso de la cantidad de sangre a la zona.

Además, en presencia del frío, la velocidad del metabolismo disminuye y también se ralentiza la acción de los nervios sensitivos. Sobre otros elementos del sistema nervioso puede tener otros efectos, como un aumento de la sensibilidad en la zona, y dependiendo de si lo aplicamos a músculos superficiales o profundos, puede aumentar o disminuir la velocidad de contracción.

También hay que tener en cuenta que se produce un efecto rebote cuando dejamos de aplicar frío. El cuerpo compensará incrementando el flujo sanguíneo a una zona enfriada cuando cesa el estímulo, para prevenir daño tisular y, de nuevo, asegurar que llegue una cantidad de sangre apropiada a la zona.

 

Cómo funciona el calor en el cuerpo

El efecto principal del calor será, por el contrario, la vasodilatación. Causar un incremento de la temperatura conlleva un aumento del aporte sanguíneo a la zona de aplicación y, por ende, de todos los elementos de la sangre que ayudan a reparar un tejido lesionado. Además, al haber vasodilatación, también se reduce la tensión arterial.

Asimismo, el calor aplicado de manera prolongada también propiciará una relajación de la zona de aplicación, con efectos antiespasmódicos y un descenso de la sensibilidad por la relajación.

Finalmente, hay que tener en cuenta que, dependiendo de la longitud de las sesiones y de la temperatura que se alcance, también se incrementará la frecuencia cardíaca para que llegue más sangre a la zona de aplicación. En casos extremos puede producir taquicardias, así que deben tener cuidado principalmente las personas con problemas de corazón.

Los fisioterapeutas suelen aplicar calor sobre las lesiones para favorecer su recuperación.

¿Frío o calor?

Teniendo en cuenta lo expuesto anteriormente, ¿cuándo será más beneficioso la aplicación de un tratamiento u otro? Como regla general, utilizaremos el frío en procesos agudos y el calor en procesos crónicos.

 

Esto significa que, si acabamos de sufrir una lesión, la aplicación de frío contendrá el aumento sanguíneo y ayudará a mantener una reacción proporcionada de nuestro cuerpo. También reducirá el edema causado por la rotura de tejidos y nos ayudará a tolerar mejor el dolor.

Por otra parte, si acabamos de terminar una sesión de ejercicio intenso, la aplicación de frío sobre los músculos que más hayamos trabajado también ayudará a prevenir los efectos secundarios y a limitar el daño causado sobre los músculos.

En cambio, el calor será nuestro gran aliado en procesos de mayor duración. A partir de las 24 horas siguientes a la aparición de una dolencia muscular, ya sería conveniente aplicar calor local.

Como hemos visto, una vez controlada la inflamación inicial, el aumento del volumen de circulación aportará mayor cantidad de elementos de la sangre que ayudarán a que dicho tejido se recupere. Además, su efecto antiespasmódico lo hará vital para tratar contracturas musculares o tensión general acumulada.

Métodos de aplicación

Para el frío, disponemos de los siguientes métodos de aplicación:

  • Cubitos de hielo: en este caso, siempre deben ir envueltos en una toalla, un trapo o un material similar, ya que no debe entrar en contacto directo con la piel.
  • Bolsas de frío: vienen en diferentes formatos, incluyendo ‘cold packs‘ que se enfrían y se ponen en la zona a tratar, o toallas o compresas frías.
  • Cremas o espráis fríos: estos ofrecen un efecto rápido y pasajero.
  • Criomasaje: consiste en masajear unos cubos de hielo envueltos en una toalla por la zona afectada en vez de aplicarlo y dejarlo actuar.
Saber si aplicar frío o calor sobre una lesión es importante para paliar los síntomas.

Para aplicar calor, algunas de las herramientas utilizadas son:

  • Almohada de calor: la clásica almohada que tenemos en casa, que meteremos en el microondas y aplicaremos sobre la zona.
  • Inmersión: sumergir la zona afectada en un baño de agua caliente hará que penetre en mayor profundidad.
  • Rayos infrarrojos: si acudimos a un fisioterapeuta, es probable que nos aplique calor a través de los rayos infrarrojos.
  • Cremas o espráis: al igual que con el frío, podemos comprar cremas o espráis que nos ofrezcan un efecto inmediato.

Finalmente, también tenemos la alternativa de los masajes. Cuando alguien nos realiza un masaje, también causará un incremento de la temperatura corporal. A mayor presión del masaje, más aumentará.

  • Effect of heat stress on muscle energy metabolism during exercise. Febbraio M., Snow R., Stathis C., Hargreaves M., Carey M. Journal of Applied Physiology. Volume 77, Issue 6 (1994)
  • Lesiones musculares en el deporte. Jiménez F. Revista Internacional de Ciencias del Deporte. Volumen 2, Número 3 (2006)
  • Lesiones musculares en el mundo del deporte. Cardero M. Revista de Ciencias del Deporte, 4 (1), 13 – 19.  (2008)