Ácido Láctico, molestias por agujetas

Yamila 30 marzo, 2018
Las agujetas son un mal casi inevitable tras el ejercicio físico, para reducirlas, lo mejor es saber porqué se producen y como podemos mitigar su aparición tras hacer deporte

Es común ‘echarle la culpa’ al ácido láctico cuando nuestros músculos están fatigados o cuando sufrimos molestias por las agujetas. Este compuesto se produce mayormente cuando realizamos ciertos esfuerzos durante el ejercicio. Entérate más a continuación.

¿Qué es el ácido láctico y cómo se produce?

El ácido láctico se produce durante el ejercicio o el esfuerzo que realizan los músculos a través del metabolismo del ácido pirúvico y una enzima llamada lactato deshidrogenasa. Más allá de las explicaciones científicas, lo cierto es que aumenta su cantidad después de la rutina en el gimnasio, en casa o en el parque y puede provocar dolores y molestias.

Esto no quiere decir que aquellas personas que no entrenan carecen de ácido láctico, sino que su concentración es menor. En condiciones normales, en la sangre hay menos de 2 mmol/l de lactato; sin embargo tras el esfuerzo puede aumentar hasta 12 mmol/l.

El ácido láctico en el deporte

Si ya llevas un tiempo ejercitando seguramente hayas oído o leído sobre el ácido láctico. Es muy importante comprender cómo funciona y por qué aumenta si entrenamos. Como primera medida no debemos considerarlo ‘el malo de la película’ como quizás nos han hecho creer.

El proceso de aumento de lactasa en sangre es benéfico, ya que permite la reparación de las fibras musculares dañadas durante el ejercicio y asegura la producción de energía. De lo contrario, no solo nos dolerían más las piernas -por ejemplo- sino que además no tendríamos fuerza para llegar a casa.

El ácido láctico proviene de la descomposición de la glucosa cuando no hay oxígeno en la rutina, es decir cuando por ejemplo levantamos pesas. Es necesaria una gran intensidad y una corta duración en la rutina para que comience el proceso.

Cuando continuamos aumentando el esfuerzo, el ácido se acumula y el cuerpo no tiene tiempo para eliminarlo. ¿La consecuencia? Una acidificación de las fibras musculares, que ocasiona por un lado la incapacidad de conseguir energía y movimientos y por el otro el impedimento de unión entre el calcio y las fibras musculares (que permiten la contracción).

Por lo tanto, cuando tenemos demasiado ácido láctico en el cuerpo, no contamos con la energía o combustible necesario para contraer los músculos. La única manera de reducir la molestia es dejando de entrenar por un día o hasta que los niveles regresen a la normalidad.

Pero también, debemos tener en cuenta que para evitar las consecuencias del exceso de ácido láctico el mejor remedio es el entrenamiento. Puede parecer contradictorio, pero es necesario darle al organismo más de un elemento para que este pueda crear un mecanismo de adaptación.

Para que se entienda mejor, si le damos más ácido láctico a los músculos, estos tendrán un plan de acción para evacuarlo correctamente y soportar así los esfuerzos cotidianos. Al principio dolerá, molestará y parecerá que somos robots cuando caminamos, pero con el paso de los días, notaremos que las extremidades o grupos musculares no están tan fatigados y que podemos aumentar las cargas sin problemas.

Ácido láctico y agujetas: derribando mitos

Cómo calentar de forma correcta antes de hacer ejercicio.

Durante mucho tiempo se pensó que el aumento del ácido láctico en sangre era la principal causa de acidosis en el cuerpo y por ende de las tan famosas ‘agujetas’ o ‘calambres’ derivadas del sobreesfuerzo y las microroturas fibrilares.

Sin embargo las investigaciones han derribado ese mito. El ácido láctico no tiene la capacidad de provocarlas ya que las agujetas también surgen en personas que no realizan ejercicio y que hasta pasan horas en una misma posición. Además, porque cuando se produce un calambre, el músculo no posee grandes cantidades de ácido láctico, sino de lactato, es decir, el elemento que no ha sido aún metabolizado.

Cuando se desarrolla acidosis durante los ejercicios extremos, la reacción orgánica es completamente diferente y separada de aquella en la cual interviene el lactato y luego el ácido láctico.

Para finalizar, un consejo de los que practican running: tras una carrera o entrenamiento donde se lleva al cuerpo a su máxima capacidad, la mejor manera de evitar que el ácido láctico haga estragos es realizar un trote lento y suave durante algunos minutos. Así la sangre podrá drenar los excesos de lactato en el organismo.

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