Heridas y cicatrices que limitan nuestro entrenamiento

Este artículo fue redactado y avalado por Yamila Papa Pintor
· 11 marzo, 2019
Las heridas y cicatrices de una persona pueden estar causadas por un accidente, una operación o el uso repetitivo de un objeto. Estas limitan el entrenamiento, y hasta pueden provocar desarreglos a nivel postural.

Las heridas y cicatrices de lesiones u operaciones pueden interferir en nuestro entrenamiento. Es muy importante esperar a que estén curadas casi por completo y, si es necesario, modificar la rutina. Entérate más sobre los cuidados pertinentes en este artículo.

Heridas y cicatrices: qué debemos saber

Las células de la piel tienen muchas funciones; una de ellas es reparar los tejidos dañados por diferentes motivos. La dermis es uno de los órganos más grandes del cuerpo humano y, al estar expuesta al medio ambiente, es la encargada de ‘intercambiar’ información entre el exterior y el interior.

Cuando se producen heridas y cicatrices, podemos experimentar ciertos trastornos a nivel postural, sensitivo o motor; estos incluso pueden traspasar la zona afectada hacia otras. Por ejemplo, si tenemos un corte en la palma de la mano, probablemente nos duela al tomar un objeto como una mancuerna y no podamos cerrar correctamente los dedos.

Las cicatrices aparecen tras una cirugía, un corte, un trauma o una quemadura. El proceso que lleva a cabo la piel para curarlas es más complejo de lo que creemos. Para empezar, el sangrado transmite elementos como plaquetas sanguíneas, glicoproteína o fibrina y trata de producir la vasoconstricción.

A partir de ese momento, el cuerpo trabaja incansablemente por curar esa herida y, sobre todo, para evitar que ingresen bacterias y otros organismos a través de ella. La última fase de cicatrización se conoce también como remodelación y puede llevar días, semanas o incluso meses. Todo depende del tamaño y las características de la herida.

Cuándo son un problema las heridas y cicatrices

Si la dermis y la fascia (estructura interior de la piel, con receptivos de dolor) se afectan por heridas y cicatrices más profundas, sus estructuras se alteran. Esto puede traer como consecuencia una menor interacción interna-externa.

Las heridas y cicatrices merecen especial atención para curarlas completamente.

Las fibras de la fascia son menos elásticas durante el proceso de curación. La tirantez o tensión es el principal problema cuando queremos entrenar, tomar un objeto o realizar ciertos esfuerzos.

Además del riesgo de que la herida se abra o se infecte, aparece también la sensación de dolor. Con ella, se dan también cambios en nuestros hábitos o movimientos.

Claro, porque si tenemos una cicatriz en el pie y queremos ejercitar, probablemente trasladaremos el peso del cuerpo a la otra pierna. Eso puede causar dolor en la rodilla o cadera sobreexigida, entre otras patologías.

Otro ejemplo es tener un corte en una mano y, en lugar de usar ese lado para levantar una pesa, lo hacemos con la contraria. Los cambios en la postura o en el ejercicio pueden traer muchos problemas, no solo en el entrenamiento, sino en el día a día.

¿Cómo tratar y evitar heridas y cicatrices?

Como primera medida, debemos ser muy cuidadosos cuando hacemos ejercicio para no sufrir cortes, ampollas ni rozaduras que luego pueden empeorar o no permitirnos entrenar como corresponde.

Según el tipo de actividad física que realicemos, debemos proteger la piel o aquellas zonas más propensas a lastimarse. Por ejemplo, las palmas de las manos si levantamos pesas, los talones si corremos o las ingles si andamos en bicicleta.

En este sentido, las vendas de tela son un excelente método para evitar la aparición de heridas, pero no la única. También podemos hidratar la dermis con cremas e incluso utilizar talco o harina para evitar que el sudor y la fricción se ensañen con la piel.

Otra cuestión importante: no usar ropa o calzado nuevo durante un entrenamiento arduo o una competencia. Primero, debemos lograr que el cuerpo se adapte a estos elementos, darles un poco de ‘rodaje’ y paliar las consecuencias del roce o de la presión inicial.

Ante la deficiencia de proteínas, las heridas pueden tardar más en sanar.

Cómo actuar ante estos problemas en la piel

En el caso de que se produzcan heridas y cicatrices por el ejercicio o por otra situación externa, es fundamental consultar con un especialista para que nos indique en qué momento regresar a la actividad y cómo cuidar la zona.

Probablemente, con una venda o gasa será suficiente para evitar el contacto con bacterias. No obstante, a nivel dolor o molestias, quizás tengamos que esperar un poco más para sentirnos en perfectas condiciones y regresar al entrenamiento.

Si la herida se debe a una operación, no basta con que se hayan quitado los puntos. Existe un proceso posterior que debe ser cumplido para que no se produzcan aberturas indeseadas ni complicaciones. Entonces, es preferible esperar un poco y no tener que ser operado de urgencia.

  • Montequin, F. (2012). Heridas de difícil cicatrización. I Revista Cubana de Angiología y Cirugía Vascular.