La presión de un atleta profesional

Fernando Clementin · 10 febrero, 2018
La alta competición puede ser una carga verdaderamente pesada para un atleta profesional, como maneje esas circunstancias marcará sus metas

La ansiedad, los nervios y la tensión que la presión puede generar en un deportista tienen una influencia inimaginable en su rendimiento. Un atleta profesional puede verse presionado por sí mismo o por quienes lo rodean. Si bien algunos logran llevarla medianamente bien, en muchos casos puede ser la raíz de grandes decepciones.

Todos en algún momento de nuestras vidas nos hemos visto presionados. Nos puede presionar ese examen que debemos dar para ingresar a la universidad o para conseguir un puesto de trabajo, esa reunión con nuestro jefe en la que no sabemos de qué nos hablará o hasta un encuentro con la familia de la novia.

Las actividades del ser humano se ven profundamente condicionadas por las expectativas propias y ajenas. También son factores influyentes el grado de dificultad y la preparación que tengamos para afrontar un evento, así como la confianza en uno mismo.

El deporte, lógicamente, no es la excepción. En la alta competencia, los protagonistas viven constantemente bajo presión: de sus patrocinadores, del público, de la prensa y hasta de sus propios compañeros de equipos. Todos esperan que un atleta profesional cumpla o supere lo que se espera de él. ¿Cómo manejarlo?

Consecuencias de la presión en un atleta profesional

Si bien en la gran mayoría de los casos el atleta se ve perjudicado por la presión, también esta puede producir efectos positivos. Veamos, entonces, los posibles resultados de estas situaciones:

  • Estrés

El estrés puede ser bueno o malo, dependiendo de la respuesta del individuo a las exigencias. Si el estrés produce una activación del organismo a nivel de tensión muscular, dilatación de pupilas y estado de alerta general del cuerpo, el atleta profesional podrá utilizarlo a su favor. Se dice, en estos casos, que se adaptó de manera adecuada a la situación de exigencia.

Por otra parte, si el estrés genera un desequilibrio que produce una reacción desmedida (un lanzamiento demasiado fuerte, débil o desviado o un salto a destiempo, por ejemplo), su consecuencia habrá sido negativa.

  • Cansancio muscular o lesiones

Días antes de una competencia decisiva, como puede ser una final o una instancia en la que se deben conseguir buenos resultados ‘obligatoriamente’, un deportista puede sentirse muy presionado por sí mismo o por su entorno.

En estas ocasiones puede producirse una sobrecarga de nervios, pensamientos y emociones excesivas en torno a lo que pueda pasar y los músculos no se distienden como deberían.

Está expuesto, entonces, a no descansar como correspondería antes de una prueba. El resultado de estos factores puede ser cansancio físico al competir o incluso lesiones musculares que impidan su participación en el evento.

 

  • Malas decisiones en la competencia

La intranquilidad mental que produce la presión puede llevar a que un deportista no rinda como lo desee o como acostumbra a hacerlo. Por ejemplo, si un garrochista de primer nivel que se preparó durante años tiene saltos nulos en sus primeros dos intentos, sentirá en el tercero una ansiedad por demostrar sus capacidades que puede precipitarlo a ejecutar mal nuevamente.

Como dijimos antes, sin embargo, hay deportistas que se adaptan muy bien a las situaciones de tensión. La adrenalina de la competencia, de estar jugando por algo, les hace elevar la guardia y brindar ese 110% que no encuentran en los entrenamientos.

¿Cómo prepararse para afrontar la presión?

En este caso, el trabajo de los entrenadores y los psicólogos deportivos se vuelve casi tan importante como la preparación técnica.

Estas son algunas prácticas que pueden contribuir a apaciguar la presión para un atleta profesional:

  • Distenderse: si bien la concentración es fundamental antes de competir, también hay que dejar momentos para descansar la mente. Muchos deportistas optan por retirarse a descansar al campo, mientras que otros prefieren pasar tiempo con sus familias o simplemente matar el tiempo con series o videojuegos.
  • Enfocarse en los aspectos controlables: de nada sirve preocuparse por el viento, el calor o el estado del campo de juego. Ni siquiera la posibles buena o mala fortuna deberían acaparar la atención de un deportista antes de la competencia. Debe enfocarse únicamente en los aspectos que puede controlar: su preparación, la estrategia y la fortaleza mental para superar posibles adversidadades.

 

  • Ser consciente de sus capacidades: remarcar los puntos fuertes y aquellos en los que ha mejorado le harán sentirse más capaz y evitar las comparaciones con sus rivales. Un deportista que cree en sí mismo es alguien que puede alcanzar el éxito.
  • Liberarse de las exigencias exteriores: nadie mejor que uno mismo conoce sus capacidades y limitaciones. Por eso, es importante trazar objetivos realizables a corto y mediano plazo que sirvan de referencia. Aunque todo el mundo piense que uno debe ser el mejor, quizás hay muchos factores confidenciales que hagan de un tercer o cuarto puesto un verdadero logro personal.

Si bien la presión en un atleta profesional es mucho más evidente, así como también lo son sus consecuencias, estas situaciones se pueden dar en muchos otros niveles, desde el infantil hasta el amateur. Por ende, la preparación psicológica debe iniciarse desde la edad más temprana posible, con la finalidad de forjar personas fuertes de mente y capaces de superar obstáculos en todos los planos de la vida.