Padres y entrenadores

Fernando Clementin · 24 enero, 2018
A menudo en el deporte observamos comportamientos impropios por parte de aquellos que debieran ser los más responsables, padres y entrenadores, quienes deben saber potenciar los beneficios y capacidades del deporte en los más pequeños

Ambos son modelos a seguir para un niño. Los padres son los guías por excelencia a lo largo de su vida, pero el entrenador también constituye una figura muy importante para los niños deportistas.

Por eso, la relación entre ellos debe ser óptima: padres y entrenadores deben saber respetar su lugar y colaborar entre sí, de forma que ambos sean parte del desarrollo deportivo y competitivo del menor.

El deporte tiene un papel fundamental en la vida de las personas y, especialmente, en la de los niños. No solo repercute de manera positiva en su bienestar físico, sino que también contribuye notablemente al desarrollo mental, emocional y social del pequeño.

Por consecuencia, es lógico que interpele a quienes lo rodean para que se involucren en este proceso. Entre estos actores, hay dos grupos que se destacan por la cantidad de tiempo que comparten con el joven deportista y la relevancia de sus funciones: los padres y los entrenadores.

La relación entre padres y entrenadores no siempre es la ideal. Suele pasar que uno se entromete en el campo de acción del otro, lo que solo genera cortocircuitos entre ellos y confusión en el niño.

Los enfrentamientos, sean explícitos o no, o cuestionar la autoridad del otro, solo consigue deteriorar la imagen de ambos.

Si bien el rol central que los padres tienen en la vida del niño no cambiará por la opinión de alguien de afuera, sí se pueden generar sentimientos encontrados hacia alguna de sus actitudes.

Conflictos frecuentes entre padres y entrenadores

La responsabilidad no es exclusiva de uno de los dos lados involucrados. Al contrario, muchas veces son ambas partes las que están jugando en contra del desarrollo óptimo de las condiciones deportivas del niño y hasta de su propia recreación al hacer deporte.

A continuación, citamos las equivocaciones más comunes de padres y entrenadores:

Errores de los padres

  • Entrometerse en cuestiones tácticas y estratégicas del juego.
  • Regañar a compañeros de su hijo y cuestionar las decisiones del entrenador.
  • Presionar a su hijo y sus compañeros para que jueguen bien y consigan resultados.
  • Oprimir el aspecto lúdico que es fundamental en el deporte infantil.
  • Seguir con las indicaciones en casa y apuntar los errores de su hijo en cada oportunidad.
  • Contradecir los valores que el club o el entrenador desean transmitir.
Los padres y entrenadores deben saber formar a los niños en los valores y la competencia sana que tiene el deporte.
La función básica de los padres en el deporte es la de inculcar el comportamiento deportivo y los valores de practicarlo, nunca debe ser una frustración o una imposición para los pequeños.

Errores de los entrenadores

  • Ser demasiado exigentes con sus dirigidos.
  • No ser comprensivos ante diversas situaciones que un niño puede estar atravesando que disminuyen su rendimiento.
  • No ofrecer canales de comunicación fluidos para explicar los por qués de ciertas decisiones (hablamos de cosas puntuales; esto no quiere decir que justificar todo lo que hace).
  • No dar lugar a que todos los niños participen de los juegos.
  • Perder los estribos cuando los resultados no se dan o sobredimensionar las victorias.

Consejos para los padres

En primer lugar, los padres han de recordar siempre y por encima de todo la razón por la que sus hijos practican un deporte: divertirse. Si bien es lógico que tengan sueños y que piensen en grande, por ahora lo importante es que aprendan la importancia del trabajo, la autosuperación y el trabajo en equipo.

¿Desde qué lugar pueden colaborar los padres? Deben asegurarse de que el niño cuente con lo necesario para asistir a las prácticas: indumentaria, elementos específicos de cada disciplina, medio de transporte, entre otras cosas.

Además, no se deben dejar de lado factores igual de importantes como la alimentación adecuada y la hidratación; así como otros secundarios: la motivación, la buena predisposición y la constancia.

De ninguna manera los padres deben entrometerse en las funciones del entrenador. Es primordial que recuerden que se trata de un profesional que se formó para ser la cabeza de un equipo deportivo.

El entrenador mejor que nadie sabe lo que hace y por qué motivo, así que es necesario dejarlo trabajar en paz. Si tienes alguna pregunta o sugerencia, puedes acercarte y plantearla, pero siempre desde el respeto y la buena fe.

Padres y entrenadores tienen la misión de formar en el deporte a los niños.
Los entrenadores deben saber desarrollar los capacidades de cada uno de los niños de forma sana, pensando más en su futuro que en la competición del momento.

El rol del entrenador

Por su parte, el entrenador debe ser el encargado de potenciar a los niños desde el punto de vista deportivo. Esto implica la planificación de entrenamientos basados en las fortalezas y debilidades del equipo y de sus integrantes, el armado de una estrategia para cada contienda y la selección de los mejores participantes para cada ocasión.

Este último punto es muy importante: un instructor debe procurar que todos jueguen y se sientan partícipes del equipo. Ir a entrenar y no jugar ni un minuto los fines de semana puede destrozar la autoestima de un niño y es muy probable que pierda el entusiasmo por seguir practicando.

Pero eso no es todo: el entrenador también debe ser quien transmita los valores que el deporte tiene para ofrecer: solidaridad, compromiso, entrega, cooperación, sacrificio, honestidad, persistencia.

En este sentido, muchas instituciones deportivas hacen hincapié en una virtud específica, como puede ser el juego limpio, que los entrenadores han de inculcar.

Todas estas cuestiones persiguen un fin único, que no es ni el éxito deportivo ni la eliminación de la figura paterna o materna en el ámbito deportivo, sino el desarrollo pleno y pacífico de los niños a través del deporte.

Los padres deben ser fieles acompañantes y los entrenadores buenos maestros, pero cada uno debe atenerse al papel que le corresponde.