¿Puedo entrenar si estoy enfermo?

Francisco María García · 15 noviembre, 2018
Todo deportista que se precie entenderá que a veces tener que suspender el entrenamiento o la actividad física programada por culpa de una enfermedad puede ser un fastidio, por lo que es bueno conocer en qué casos si podemos continuar con el plan previsto y en cuáles lo obligado es guardar reposo absoluto

Este tipo de interrogantes son frecuentes cuando hacen aparición cuadros virales o gripes. Son muchos los deportistas que preferirían no tener que parar las rutinas de ejercicios por ninguna causa, pero este es un deseo que no siempre se puede cumplir. ¿Puedo entrenar si estoy enfermo?

Algunas patologías, como los catarros, tienen una duración ‘estándar’ de alrededor de 10 días. En estos casos, ejercitarnos de manera prudente no marcará ninguna diferencia sustancial. Aunque sí puede tener un efecto atenuante, haciendo que el afectado se sienta mejor de manera momentánea.

En la práctica, parar la actividad física a causa de la enfermedad puede generar el resultado contrario. Hay quienes se deprimen si no pueden entrenar cuando lo tenían previsto. Esto puede incluso llegar a debilitar aún más al sistema inmune, dando lugar a complicaciones adicionales.

Entrena o no, he ahí el dilema

Con síntomas leves como estornudos, congestión nasal y tos, hacer ejercicio no debería implicar problema mayores; siempre y cuando se hagan a intensidad moderada.

Se trata de que el cuerpo ‘sienta’ que está expulsando a través del sudor aquello que le afecta, sin que esto implique un esfuerzo excesivo para músculos o articulaciones. No es momento para correr un maratón o intentar subir el nivel de esfuerzo.

Cuando se entrena bajo estas condiciones, debemos estar mucho más atento a la hidratación. Tomar abundantes líquidos, principalmente agua y bebidas energéticas, nos permitirá recuperar más rápidamente los electrolitos que se pierden por medio de la transpiración. Los antigripales y algunas bebidas calientes también están recomendados.

En casos de dolor agudo de huesos, malestar estomacal, vómitos o debilidad muscular o complicaciones mayores, es imperativo guardar reposo total. Estas son señales de que en el organismo las cosas no marchan bien y se debe necesariamente descansar.

Entrenar con fiebre: ¿sí o no?

Es otra pregunta frecuente entre deportistas y aficionados a la actividad física. ¿Se puede entrenar con cuadros febriles? Por muchas ganas que se tengan de ‘sudar’ y para no perder el ritmo, cuando la temperatura corporal supera los 38 grados centígrados, ejercitarse no es una buena idea.

Estar enfermo.

La fiebre es la respuesta natural del organismo para combatir virus, infecciones y la presencia de cualquier elemento extraño. Su aparición no es solo señal de que se debe guardar reposo, al menos mientras dure su presencia, también de que una consulta al médico de confianza es el mejor plan. Por supuesto, asegurate de tomar medidas para bajar la temperatura corporal cuanto antes.

La mayor parte de la energía debe estar enfocada en ayudar al cuerpo en el proceso de combatir de la enfermedad y la recuperación. Es por eso que no es conveniente forzar al organismo sumándole un esfuerzo adicional para realizar una actividad física, que en esas condiciones, es innecesaria.

Es posible que los ejercicios físicos en ocasiones también impliquen mayor estrés, otro factor que dificulta e incluso ralentiza el funcionamiento del sistema inmunitario

Cuando se está enfermo y aparece la fiebre, lo mejor es descansar. Además, se debe evitar que el termómetro marque temperaturas demasiado elevadas. Antes de conversar con el médico de confianza, poner compresas de agua tibia en la cabeza pueden servir de paliativo temporal. En casos extremos, una ducha fría puede representar la mejor solución.

Qué hacer mientras se está enfermo

Si no queremos suspender los ejercicios, lo recomendable es realizar trabajos de intensidad moderada. Son recomendadas actividades como andar en bicicleta, trotar o caminar. Se trata de prácticas que además resultan de mucha ayuda para mejorar la operatividad de los pulmones y la función cardiovascular.

Andar rápido.

Toda actividad física se debe comenzar a realizar de manera suave y progresiva. Dejando que sea el propio cuerpo quien determine si se puede seguir adelante y eventualmente, hasta aumentar la intensidad.

En cualquier caso, al estar enfermos es recomendable realizar rutinas que no superen los 30 minutos de duración. Media hora de ejercicios es tiempo suficiente para obtener beneficios, sin exigir demasiado al organismo.

Si se trata de deportes que se practican al aire libre, hay que tener en cuenta los riesgos de enfrentarse a episodios que pudiesen resultar contraproducentes, como ventiscas o lluvias o temperaturas extremas.

¿Cómo vestirse?

La vestimenta debe ser de tejidos térmicos y transpirables, que permitan expulsar el sudor sin inconvenientes. Que mantengan en todo momento al cuerpo seco y al mismo tiempo abrigado.

Durante el invierno, incluso en algunos días de primavera u otoño, hay que cubrirnos la garganta. Pero si las temperaturas son muy bajas, también se deben proteger boca y fosas nasales. Las manos pueden ir con guantes y la cabeza oculta bajo un gorro.