La fuerza y el cardio afectan la producción de hormonas, ¿será cierto?

Francisco María García · 5 diciembre, 2018
¿Cuáles son las consecuencias que los diferentes tipos de ejercicios ocasionan en el cuerpo a nivel hormonal? Cada alteración tiene un objetivo y una consecuencia: conócelos a continuación.

No solo los ejercicios de fuerza y el cardio afectan la producción de hormonas. Cualquier actividad física activa una serie órganos y glándulas indispensables para dotar al cuerpo de la energía suficiente para poder moverse. Conoce todo al respecto en el siguiente artículo.

La realidad es que tanto ejercitarse como no hacer nada tendrá una incidencia directa sobre el funcionamiento del organismo. Y como casi siempre, los extremos son malos. Tanto el sedentarismo total como el exceso de entrenamiento traerán desequilibrios hormonales importantes.

La fuerza y el cardio: diferencias a nivel hormonal

La segregación de hormonas será distinta de acuerdo al tipo de ejercicio que se ejecute. Esto es gracias a que las exigencias de un grupo de trabajos u otro no son las mismas. Por ello, las necesidades del cuerpo pueden variar para adaptarse a cada circunstancia.

El trabajo cardiovascular y de resistencia activa un mayor número de hormonas FGF (factor de crecimiento de fibroblastos). Estas inciden sobre la actividad mitótica y la síntesis del ADN.

De este grupo hormonal, la FGF21 está relacionada con el control de la diabetes, la obesidad y otros trastornos relacionados con el metabolismo. De hecho, es frecuentemente utilizada como fármaco en tratamientos destinados a atacar estos desórdenes.

Con 45 minutos de cardio de intensidad moderada dos veces por semana, el incremento de la FGF21 en la sangre será importante. De hecho, será suficiente como para convertirse en un elemento activo en la lucha y prevención contra este tipo de padecimientos.

En cambio, dedicando el mismo tiempo a ejercicios de fuerza, con la misma frecuencia semanal, el aumento de estas hormonas será hasta tres veces menor.

Ejercicios de cardio intenso.

La actividad física y la insulina

Los efectos de la insulina han sido objeto de estudio de las comunidades científicas por décadas. No obstante, las investigaciones en torno a su relación con las actividades físicas y los deportes como una pieza central dentro de la generación de energía en el cuerpo son relativamente recientes.

Durante los entrenamientos de fuerza y el cardio, la segregación de insulina queda suspendida. El páncreas, órgano responsable de su producción, deja de funcionar; esto obedece a que esta hormona tiene entre sus funciones reducir los índices de glucemia. O lo que es lo mismo: la presencia del azúcar dentro del torrente sanguíneo.

Al hacer ejercicio, como los músculos se contraen independientemente del tipo de ejercicio que se ejecute, se activa un mecanismo paralelo de “explotación” de la glucosa como combustible. Esta es una acción que tiene lugar con o sin la presencia de la insulina.

Ejercicios, euforia y buen humor

Quienes adoptan rutinas regulares de actividad física, incluso ejercicios básicos y cotidianos como caminar, desarrollan cierto tipo de dependencia física. Algunos llegan a utilizar la expresión “adictos al deporte”.

La clave está en que los entrenamientos de fuerza y el cardio aumentan la producción de endorfinas en el cerebro. Se trata de un neurotransmisor que ayuda a soportar el dolor o el alto esfuerzo físico, vital para sobrellevar los trabajos con las pesas.

Los atletas de resistencia, como los nadadores o los runners, también cuentan con un elevado número de esta hormona. De su presencia depende la sensación de euforia y logro que se experimenta después de cruzar la meta o terminar un entrenamiento.

Por otro lado, los ejercicios cardiovasculares inciden igualmente en el aumento de otro neurotransmisor bajo la corteza cerebral: la serotonina. Esta, en tanto, contribuye a disminuir los síntomas depresivos y la ansiedad.

Entrenar fuerza para la natación.

Las dos caras de una misma moneda

Entre los múltiples problemas que genera el sedentarismo, se destacan algunos relacionados con la baja producción de hormonas del organismo. Además, cobra relevancia el aumento de otras cuyos niveles altos terminan jugando en contra, como es el caso del cortisol.

En exceso, sus efectos son sumamente dañinos. El cortisol puede ocasionar problemas digestivos, trastornos del sueño y variaciones drásticas en el estado de ánimo; asimismo, es posible padecer aumento de peso y deterioro de la piel.

Sin embargo, la falta de ejercicio puede ser tan contraproducente como sobre ejercitarse. El estrés producto de las actividades continuas de alta intensidad puede derivar en desórdenes de las glándulas adrenales. Como consecuencia de esto, la producción del cortisol podría salirse de control.

En última instancia, el exceso de cardio puede también provocar trastornos en la segregación de la testosterona. Esto puede llevar a algunos hombres a sufrir de hipogonadismo, que es la inhibición de las funciones testiculares; entre otros problemas, la vida sexual del individuo se ve drásticamente afectada.