El destino del baloncesto europeo

Alvaro · 14 enero, 2019
El baloncesto europeo sigue teniendo un camino difícil de recorrer. Sin embargo, hay muchas expectativas en que esto cambie para bien pronto.

Por la manera en que ha evolucionado el baloncesto europeo estos años atrás, parece evidente que las grandes ligas buscan la forma de acercarse al modelo de competición americano. Y hacen bien, pues son un ejemplo de cómo asegurar la estabilidad económica y financiera de las instituciones, a la par que te conviertes en un referente a nivel mundial.

En aras de alcanzar a la NBA, se fundó la llamada Copa de Campeones de Europa, en febrero del año 1958, organizada por la FIBA. Evidentemente, tratando de emular a su homólogo futbolístico que tanto éxito estaba teniendo.

Buscando alcanzar el trono de mejor liga mundial que ocupa -y ocupaba- la NBA y en un intento de imitar a su homónimo UEFA -que tanto éxito había tenido-, se creó en febrero de 1958 la Copa de Campeones de Europa, organizado por FIBA Europe.

Esta primera competición continental se disputó desde entonces hasta la temporada 1999-2000, fecha en que comenzó a jugarse la conocida Euroliga; entonces, podríamos decir que empezaron a surgir los problemas que arrastramos hasta la fecha.

FIBA no había registrado el nombre de “Euroleague” -a pesar de haber hecho uso de él desde 1996- simplemente bastó con que una empresa privada se adueñara del mismo, dejando al máximo organismo mundial falto de recursos legales al respecto.

Un camino difícil

El destino del baloncesto europeo.

Ante este panorama, la Federación Internacional se vio obligada a buscar un nuevo nombre a su campeonato europeo; lo que provocó que esa temporada hubiera dos competiciones continentales: la SuproLeague -anterior Copa de Europa- y la Euroliga.

Los equipos invitados a estas competiciones también tomaron parte en la disputa y dividieron su participación en ambas.

Al contar con dos competiciones, en el verano del año 2000 se contaba con dos campeones: el Maccabi Elite por la SuproLeague y la Kinder Bolonia por la Euroliga.

Los dirigentes de las dos competiciones se dieron cuenta de la necesidad de unificar ambas competiciones, lo que unido a la posición de fuerza de la Euroliga, provocó que los equipos que habían participado en SuproLeague se unieran a esta a partir de la temporada 2000/2001.

De esta forma, se fraguó un ‘pacto’ en el que la FIBA se debía encargar de la organización de competiciones internacionales de selecciones -Eurobasket, Mundobasket y JJOO- mientras la Euroliga se ocupaba de competiciones continentales de clubes -Euroliga y ULEB-.

Sistema de competición

Tras haber explicado brevemente el difícil camino que ha tenido que recorrer el baloncesto europeo, resulta necesario hablar un poco del sistema competitivo, así como sus modificaciones.

Estos cambios van siendo introducidos de forma paulatina por la Euroliga, con el objetivo de aumentar la rentabilidad económica -haciendo así la competición más atractiva para equipos- y captar mayor número de aficionados. Sin duda, el objetivo a largo plazo es, una vez más, alcanzar a la NBA.

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Modelo “Champions League”

En sus inicios, la mejor competición continental, estaba compuesta por 24 equipos. A su vez, estos estaban divididos en cuatro grupos de seis conjuntos cada uno. Los cuatro mejores de cada grupo se clasificaban para una segunda fase de grupos, formada por cuatro grupos de cuatro equipos cada uno.

El primer y segundo clasificado de cada grupo se clasificaban para los cuartos de final; donde disputaban un cruce al mejor de cinco partidos antes de dar paso a la Final Four.

Este modelo estuvo vigente durante más de 10 temporadas, a pesar de ser un ejemplo de agotamiento y poco atractivo para el espectador.

Alentados por las diferencias de audiencias televisivas y de afluencia de público a los pabellón existentes entre las primeras fases y los cuartos/Final Four, los dirigentes de la Euroliga comenzaron a pensar la forma de mejorar la competición.

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Modelo “mixto”

La búsqueda de un sistema de competencia más atractivo para el espectador no tuvo – en un primer momento- especiales incidencias en el número de equipos que participarían en la Euroliga.

Se mantuvo el cupo de 24 equipos iniciales, los cuales continuaban divididos de la misma forma -cuatro grupos de seis-. Modificando, sin embargo, la segunda fase que pasaba a estar dividida en dos grupos de ocho.

Este sistema aportaba un mayor número de duelos atractivos, con el consiguiente aumento de las audiencias y del volumen de asistencia media a los estadios.

Esta versión 2.0 de la Euroleague no se mantuvo vigente durante demasiado tiempo. Los beneficios que se observaron respecto al modelo anterior aceleraron el proceso que, de manera natural, estaba destinada a seguir la Euroliga.

Modelo ”SuperLiga europea”

Siguiendo este proceso evolutivo, se optó por reducir el número de participantes a 16, distribuidos de la siguiente manera:

  • 11 equipos fijos, conocidos como Licencias A.
  • 5 participantes que irían variando en función de las circunstancias deportivas -las llamadas Licencias B,C y D-.

Todos los equipos compiten ahora en una única fase regular -enfrentándose todos contra todos- de la que se clasifican ocho para los cuartos de final. Esta primera eliminatoria se compone de una serie al mejor de cinco partidos, de la cual saldrán los cuatro equipos que disputarán la Final Four.

Este sistema se encuentra vigente desde la temporada 2016/2017. En su corto periodo de vida ha demostrado su eficacia, gracias al alto número de duelos atractivos que se dan en cada jornada.

Los aficionados han sabido recompensarlo en forma de consumo, lo que unido al acuerdo con IMG desde el año 2015 ha provocado un aumento considerable de los ingresos.

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Los futuros pasos del baloncesto europeo

En vista del panorama, ¿cuáles son los futuros pasos del baloncesto europeo? O mejor dicho, ¿cuáles son los pasos que deberían darse para que pueda convertirse en un rival de la NBA?

El poderío económico de la competición americana es la principal baza del baloncesto europeo a la hora de atraer talento a la liga e igualarlos pasa por la creación de una liga cerrada con equipos fijos cada año.

Este formato atraería a patrocinadores y capital para los equipos participantes, que permitiría rivalizar -a largo plazo- con la mejor liga del mundo.

Resulta evidente que ello supondría una merma del poder que, en la actualidad, tienen las ligas nacionales -que prácticamente pasarían a ser una cantera para los equipos que se disputasen la auténtica competición.

No obstante, esta liga cerrada, a la que no se tendría acceso por méritos deportivos, tendría difícil encaje en nuestro derecho a la competencia; ya que se requeriría una excepción específica en las normas aprobadas por el Parlamento europeo.