Prebióticos: ¿por qué son útiles para la flora intestinal?

8 agosto, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la nutricionista Lucía Corral
Probióticos, prebióticos o simbióticos: ¿en qué se diferencian y para qué sirven?

En los ultimos años, la investigación y comercialización de alimentos funcionales ha aumentado. Estos surgen como un instrumento para mejorar la salud de la población y reducir el riesgo de padecer algunas enfermedades. Algunos ejemplos de alimentos funcionales son aquellos a los que se les adiciona probióticos, simbióticos o prebióticos.

¿En qué se diferencian estos componentes?

Aunque suelen encontrarse relacionados, también podemos encontrarlos por separado. La utilización de probióticos, simbióticos y prebióticos esté en auge y existe abundante evidencia científica que respalda su uso.

Según la FAO, los probióticos son “microorganismos vivos que ejercen una acción beneficiosa sobre la salud del huésped al ser administrados en cantidades adecuadas”. Es decir, son microorganismos vivos que tienen efectos estudiados sobre el organismo. Las bacterias del género Lactobacillus son probióticos que se utilizan por su capacidad fermentativa, y podemos encontrarlas en yogures.

Por otro lado, el sustrato que utilizan los probióticos se conoce como prebióticos. Son algunos de los componentes presentes en la fibra dietética que afectan de manera positiva al huésped, ya que estimulan de forma selectiva el crecimiento y la actividad metabólica de un número limitado de cepas de bacterias del colon.

Estas moléculas de gran tamaño no pueden ser digeridas en el tracto gastrointestinal alto, por lo que alcanzan el intestino grueso intactas. Allí son degradadas por la microflora bacteriana, con lo que mejoran las condiciones del colon y generan una biomasa bacteriana saludable.

Por último, los simbióticos son una mezcla de probióticos y prebióticos. Su función principal es aumentar la supervivencia de las bacterias que promueven la salud, con el fin de modificar la flora intestinal y su metabolismo.

Legislación sobre los prebióticos 

Para que un ingrediente alimenticio sea considerado prebiótico, debe cumplir con los siguientes criterios:

  • No debe ser digerido ni absorbido en la parte alta del tracto digestivo.
  • Debe ser fermentado selectivamente por una o un número limitado de bacterias potencialmente benéficas del colon, por ejemplo, bifidobacterias y lactobacilos.
El yogur es un alimento sumamente beneficioso, que incluso puedes preparar en casa.

  • Debe ser capaz de alterar la microflora colónica y tornarla saludable, por ejemplo, reduciendo el número de organismos putrefactivos.

En la actualidad, los oligosacáridos más estudiados y reconocidos con actividad prebiótica son los fructanos. Las fuentes más importantes de fructanos en la dieta son los derivados del trigo, las cebollas, el ajo, las bananas y el puerro.

La inulina y sus propiedades prebióticas

La inulina es un fructano que se encuentra en una gran variedad de plantas, pero principalmente en la raíz de la achicoria, el puerro, el ajo, la banana, la cebada, el trigo, la miel, la cebolla, el espárrago y el alcaucil. También se localiza en las gramíneas —cereales y pastos.

Gracias a su sabor neutral suave, por ser más o menos soluble en agua y otorgar cuerpo y palatividad, tiene diversas aplicaciones en la industria de alimentos. Puede ser utilizada como sustituta del azúcar, reemplazante de las grasas, agente texturizante o estabilizador de espuma y emulsiones. Por este motivo es incorporada a los productos lácteos, fermentados, jaleas, postres aireados, mousses, helados y productos de panadería.

La dosis máxima permitida para adicionar un alimento es hasta 10 g/día en dosis simples y hasta 20 g/día en dosis múltiples. En dosis mayores a las permitidas, puede provocar molestias gastrointestinales como diarrea, ruidos intestinales y flatulencia.

¿Cómo influyen en la flora intestinal?

Las bacterias que habitan el tramo final del intestino delgado, el colon, necesitan alimentarse; los hidratos de carbono que no se digieren son el principal sustrato. Se ha visto en estudios in vitro —realizados en laboratorio— que la presencia en el colon de probióticos como la inulina deriva en la fermentación bacteriana.

El resultado de esta fermentación es la formación de compuestos como el hidrógeno o el metano y un incremento de la población bacteriana. Aunque esto pueda parecer peligroso, el revestimiento de los intestinos está plagado de criaturas microscópicas que crean un microecosistema que se llama microbioma.

Para mantener el equilibrio en este ecosistema se pueden utilizar dos estrategias: alimentar a los microbios que están ahí para que crezcan aportándoles alimento (prebióticos) o aportar microbios vivos directamente (probióticos).

La quercetina es una sustancia que pertenece a la familia de los flavonoides.

Efectos positivos de los prebióticos

La fermentación de prebióticos disminuye el pH del colon e inhibe el crecimiento de bacterias patógenas como E. coli. Además, este proceso lleva consigo la formación de grandes cantidades de ácidos grasos de cadena corta —acético, propiónico y butírico— que incrementan la absorción del calcio y magnesio.

Uno de estos ácidos grasos de cadena corta, el butirato, es la principal fuente de energía del epitelio del colon. Se ha evidenciado que ejerce efectos funcionales como la reducción del crecimiento de células tumorales.

En última instancia, se ha demostrado que la fibra soluble interactúa con los ácidos biliares e incrementa la excreción fecal, lo cual conlleva a disminuir la concentración plasmática del colesterol LDL.

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