¿Pueden los ejercicios aumentar las defensas?

Este artículo ha sido escrito y verificado por él médico Leonardo Biolatto
Muchas personas se preguntan si las defensas del organismo están ligadas a la práctica de ejercicio físico. Vamos a tratar de responder en este artículo qué tipo de ejercicio puede ser beneficioso para el sistema inmune.
 

Con el objetivo de prevenir enfermedades y mejorar su calidad de vida, muchas personas se cuestionan si los ejercicios ayudan a aumentar las defensas. La pregunta se impone por los constantes riesgos a los que nos vemos expuestos en la vida cotidiana, y sobre todo cuando se llega a una edad avanzada.

Se trata, de hecho, de un tema muy estudiado por la comunidad científica. Asimismo, debido a que afecta a todos los individuos, es algo que durante años ha despertado interés en diversos ámbitos.

Por ejemplo, han aparecido varios consejos en internet sobre cosas que se pueden hacer para aumentar las defensas. Uno de los aspectos recomendados es hacer ejercicio dentro de los hogares.

Vamos a recorrer en este artículo las teorías que sostienen su utilidad, y también intentaremos descifrar si es realmente efectivo todo tipo de ejercicio para ayudar al sistema inmune. Veamos primero la teoría.

El ejercicio para aumentar las defensas: teorías

No está totalmente clara la acción del deporte en el sistema inmunitario. Aunque se tendería a pensar de inmediato que es un factor protector, no siempre resulta tan obvio.

 

Hay efectos beneficiosos del ejercicio que aparecen cuando la actividad se sostiene regularmente y a una intensidad moderada, pero no siempre es así. Si bien hay casos en los que puede el ejercicio aumentar las defensas, también resulta imprescindible conocer el mecanismo para hacerlo de la forma adecuada.

Entrenamiento HIIT.

Una de las teorías es que el deporte ayuda a la circulación de los glóbulos blancos. Al aumentar el movimiento de estos en el organismo, podrían llegar con más rapidez a los lugares afectados para defender al cuerpo de agentes extraños.

Otra teoría apunta al cambio de la temperatura corporal. El ejercicio provoca cambios inmediatos que aumentan la temperatura del organismo por la generación de calor y el exceso de energía que se disipa. Esto equivaldría a la acción de la fiebre cuando nos infectamos.

Finalmente, la tercera teoría postula que el beneficio proviene de la disminución del estrés. La práctica del ejercicio disminuiría la secreción de las hormonas vinculadas al estrés, lo que podría favorecer la función del sistema inmune. Como veremos más adelante, esta teoría explicaría por qué el ejercicio intenso sería contraproducente para las defensas.

 

¿Qué sucede con las defensas en cada tipo de ejercicio?

Hay dos formas de realizar ejercicio: de manera moderada o de manera intensa. El ejercicio moderado se refiere a una actividad de entre 30 y 40 minutos, en días intermedios. El intenso es el del entrenamiento deportivo, prolongado y con pocos descansos.

En el ejercicio moderado encontramos el mayor beneficio para las defensas. Los estímulos que se producen en el organismo al practicar el deporte de esta forma redundan en una respuesta inmune que sería una compensación al gasto producido por el ejercicio. Si se sostiene en el tiempo, el sistema inmune es cada vez más resistente.

Con el ejercicio de alta intensidad, la situación es inversa. Este tipo de actividad es estresante, aunque la persona sienta que lo disfruta. El estrés, en este caso, proviene del esfuerzo al que se somete el organismo con el entrenamiento.

El resultado final será una caída de las defensas. La teoría que sostiene esto es que los glóbulos blancos migran masivamente hacia el tejido muscular para reparar la fatiga, en lugar de encargarse de las infecciones.

La capacidad del deporte para aumentar las defensas puede ayudar a las personas mayores.

¿Cómo ayudar al ejercicio a aumentar las defensas?

Incluso en aquellos casos en los que la actividad física realmente contribuya a una optimización del trabajo del sistema inmunitario, esto no es suficiente. Con los hábitos cotidianos, cada persona debe ‘poner su grano de arena’ para que todo funcione de la manera esperada en su organismo.

Junto al ejercicio, habrá que regular la alimentación para ayudar al sistema inmune. Una dieta equilibrada y que permanezca así con el paso del tiempo es fundamental. Lo mismo ocurre con el descanso, el cual debemos tratar de sostener en horarios similares de manera regular, para formar una rutina.

Conclusión

En definitiva, haciendo ejercicio no generaremos una inmunidad inmediata que nos proteja de todas las enfermedades existentes, pero la actividad física ayudará de muchas maneras al bienestar integral de la persona. ¿Has comprobado ya los efectos beneficios del ejercicio sobre tu cuerpo?

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