¿Qué es el espíritu olímpico?

Francisco María García · 24 agosto, 2019
El espíritu olímpico está ligado a la deportividad, al sacrificio personal, a una voluntad firme para conseguir los objetivos. El éxito del otro no es un motivo de envidiar o desistir, sino que será una motivación para seguir adelante e intentar ser mejor cada día.

La importancia del espíritu olímpico va mucho más allá de los eventos deportivos, y no se aplica solamente a los atletas profesionales. Como veremos, se trata de promover la incorporación de valores esenciales para todos nosotros como personas y ciudadanos.

Espíritu olímpico: la recompensa es el camino

A nadie puede resultarle simple la misión de definir en palabras el espíritu olímpico. Pero seguramente, todos los que logramos contactar con este sabemos que implica la sabiduría de comprender que la mejor recompensa no está en la llegada o en el triunfo, sino que se halla en el proceso.

Por supuesto, no se trata de decir que la victoria es algo menor para un deportista o para cualquier persona que persigue un objetivo. Cuando hablamos de sueños y metas personales o profesionales, la realización es siempre el deseo mayor.

No obstante, el triunfo es el resultado del proceso y solo es posible gracias a él. No existen vencedores natos o triunfadores ‘de cuna’: todos aquellos que logran triunfar recorren un largo camino, el cual incluye también derrotas y decepciones, pero nunca el abandono.

Si pensamos, por ejemplo, en una carrera de atletismo —para mantener la metáfora del deporte—, solo uno saldrá vencedor al final de cada tramo o prueba. A pesar de ello, todos los competidores han dado lo mejor de sí y seguirán haciéndolo para superarse.

Cuando se trabaja en equipo y se nutren sentimientos positivos, incluso hacia posibles ‘rivales’, es más fácil mejorar el nivel del deporte —en este caso— como un todo. En síntesis, el espíritu olímpico promueve la mejora colectiva y no solo el triunfo personal.

Hombre haciendo deporte en la playa.

El deporte como metáfora para la vida

No hay dudas de que el deporte puede ser interpretado como una gran metáfora para la vida. El espíritu olímpico nos propone, en realidad, una filosofía que debería inspirar nuestra forma de ser.

Recuperemos el ejemplo de la carrera, pero ahora imaginemos que no hay atletas, sino personas deseando alcanzar un objetivo. Quizá su camino no las conduzca directamente al éxito, y muchos pueden pensar en desistir luego de algunos tramos.

Sin embargo, si miran hacia atrás, los corredores se darán cuenta rápidamente de que recorrer este camino les ha posibilitado incorporar nuevas habilidades, conocimientos y experiencias que les permiten evolucionar como personas y profesionales.

Realmente, el éxito del otro no debe provocar furia, envidia o ganas de abandonar, sino darles la fuerza y la determinación para seguir adelante porque es posible lograr los objetivos.

Por ello, el camino es la recompensa, y no el tiempo perdido. No existen pérdidas cuando se trata de perseguir nuestros objetivos; realmente cada paso y cada intento nos hacen estar más preparados para llegar finalmente donde queremos.

Citius, Altius, Fortius: intentar ser mejor, siempre

 Citius, Altius, Fortius’ es el lema deportivo que, en español, puede traducirse como ‘más rápido, más alto, más fuerte’. En la práctica, este lema es una demostración de lo que intenta despertar el espíritu olímpico en cada uno de nosotros.

Lejos de estar dedicado solamente a los deportistas de élite, se trata de una negación al conformismo y una invitación a ir siempre más allá. Por supuesto, un atleta necesita superarse diariamente para alcanzar sus sueños y llegar al tope de su actividad. Pero ¿cuál de nosotros no necesita también superarse a diario para seguir en búsqueda de nuestros objetivos?

Chica haciendo esfuerzo levantando pesas.

Y es que, en el día a día, somos todos un poco atletas luchando contra el estrés, la prisa, las adversidades del clima y la tendencia a acomodarse porque mejorar requiere ‘mucho esfuerzo’. No obstante, ¿qué conquistas nos esperan si no entendemos que la vida puede ponernos obstáculos, pero los límites siempre los definimos nosotros mismos?

Nuevamente, volvemos al principio de que ser mejor no se trata necesariamente de competir con el otro, sino de superarse a uno mismo. Para volar más rápido, soñar más alto y sentirse más fuerte, es necesario aprender a superar los miedos que nos hacen achicar ante los desafíos.

El espíritu olímpico nos habla a todos nosotros, como una voz que inspira a seguir adelante con la cabeza erguida y la mente abierta. Porque cada nuevo desafío representa a oportunidad única de convertirnos en una mejor versión de nosotros mismos.

  • Comité Olímpico Internacional. Carta olímpica. 2018. Extraído de: http://www.coe.es/2012/TemasInteres2012.nsf/voTemasInteresActivos/2F8B7B9A52C776EEC1257B1000662946/$FILE/ES-Olympic-Charter_2018.pdf